Llegamos y nos encontramos con una ciudad bastante grande (50.000 habitantes según nos informó el taxista que nos trajo al camping), con mucho movimiento y mucho menos turismo que Villa General Belgrano. Por suerte los museos nos quedan bastante cerca, hay transporte público y todo parece accesible.
Uno de los primeros lugares que visitamos fue el Museo Casa del Virrey Liniers, una antigua estancia jesuítica que fue pasando de mano en mano hasta llegar al Virrey, y luego a otras familias que también hacen a la historia de esta ciudad. Hicimos una visita guiada que fue particularmente interesante, ya que nos contaron la historia del lugar desde que la tierra estaba en manos de los indios Comechingones hasta que la construcción fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000. Fue impresionante recorrer las distintas habitaciones, amuebladas como en la época (dormitorios, cocina, incluso el baño), dependencias como la herrería, el palco que se conecta con la iglesia, etc.
Después del almuerzo fuimos a conocer el museo que es la casa de la infancia de Ernesto Che Guevara. La verdad es que pone la piel de gallina porque la exposición es muy personal, sobre todo las fotos y sus cartas. También pasan fragmentos de un documental. Vivo en la facultad rodeada de citas y de iconografía de él, pero hasta hoy nunca había sentido que su figura me llegara así.
Terminamos nuestra recorrida en la casa de Manuel de Falla, músico español que vivió sus últimos años acá en Alta Gracia. Su nombre lo lleva el conservatorio donde estudia Javier, y por eso a él le interesaba particularmente la visita a este museo. Encontramos una casa muy hermosa, llena de piezas del músico, como la batuta, el piano, su frac. Sonaban notas de sus composiciones. A los dos nos pareció un homenaje muy sobrio, si bien nos resultó más emotivo el del Che. Allá no habíamos querido comprar ningún recuerdo porque a los dos nos parece que hacer merchandising con su figura es algo que va en contra de lo que el Che hubiera querido, pero de este último museo Javier se llevó un CD con “El amor brujo”, un clásico de Falla.
La próxima concluyo con el relato de mis vacaciones.
