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sábado, marzo 17, 2007

Aprendí la lección: la piratería es mala, mala, mala

Desde que mi viejo (mi principal proveedor de nuevas tecnologías) me regaló la compu con reproductor de DVD incorporado incursioné sin vergüenza en el mercado de la piratería. Primero, gracias a las películas grabadas que Javi me pasa. Pero el otro día, los dos decidimos aprovechar la oportunidad de comprar estrenos (¡Que ni siquiera han llegado al cine!). Era un negoción: $10 las tres películas, cuando el alquiler más barato por mi barrio sale $5 y la entrada de cine, por lo menos el doble.

Elegimos “Rocky Balboa” (AKA “Rocky VI”), una argentina que todavía está en cartel y la nueva de Jim Carrey que ni siquiera se estrenó. No compramos más porque pensamos que sería bueno probarlas antes, que anduvieran en mi máquina. Bueno, en la semana puse los primeros segundos de cada una, suficiente como para convencerme de que se veían de manera decente. Valían los $10 invertidos en ellas, o al menos eso pensé.
El domingo siguiente fuimos a ese antro de la ilegalidad que es la feria del Parque Rivadavia, pero ni siquiera llegamos a comprar ahí, sino que, por ahorrar, nos compramos las películas en unos puestitos callejeros. Sí, somos dos ratas de alcantarilla. Compramos, o al menos eso pensamos, la serie completa de “Rocky” (aclaro a todo esto que el fanático del Semental Italiano es Javier y no yo, pero reconozco que las pelis que pude ver hasta ahora no están mal). También compré “Babel” y “El gran truco”, que ya la habíamos visto pero nos gustó mucho a los dos.
Esa noche nos llevamos la primera sorpresa: la cajita que supuestamente, según su ilustración hecha de fotocopia verdosa, contenía las cinco de “Rocky”, traía una melange de películas mediocres que acaban de levantar del cine. Javier a las puteadas. “Bueno”, digo yo, “tal vez las demás que compramos no estén tan mal”.
Ponemos “Babel”: empieza por la mitad de la película. A no preocuparse, que la chica que nos vendió la copia nos advirtió de esto: “Nomás pónganla en el capítulo 2”. Pero… no hay capítulo 2!!!! Al carajo con “Babel”. Ponemos “23”. Por lo menos, nos salvó la velada, porque pudimos verla completa. Pero… ¡de qué manera! Estaba filmada dentro del cine, con las toses del público grabadas, a cada rato se iba de foco, nos perdimos una escena clave…
Probamos después “El gran truco”: también empezada (aunque sólo le faltan los títulos, si bien éstos son importantes porque incluyen la escena clave de los sombreros de copa y no digo más por si alguien no la vio). Ésta no sólo se va de foco, sino que está grabada en un cine oriental, con sus correspondientes subtítulos. El audio es una bosta… en fin.
A todo esto, el iluso de mi amorcito intenta ir al parque a que le cambien la copia de “Rocky”. Le dan otra… que también viene con la misma mezcla de películas y sin ningún Balboa. A esta altura, los dos nos reíamos, como me estoy riendo al escribir esto. “No importa”, le digo, “al menos podemos llegar a ver alguna de las películas que vinieron acá, a dos pesos cincuenta la peli sigue valiendo la pena”.
Y estoy llegando al final. Viernes de lluvia, esta vez sola en casa, decido ponerme a ver “Deja Vu”, una de las que se hizo pasar por Rocky. La imagen no es mala, si bien el audio se corta cada tanto y está adelantado con respecto a las escenas. Empieza bien, me engancho con facilidad con la trama… y a los 20 minutos se corta. Es todo lo que voy a ver de “Deja Vu” esta noche, y tengo la sensación de que esto ya lo viví.

¿Hace falta que lo diga? No vuelvo a pagar por una película pirateada. Mejor tomarse la molestia de bajarlas gratis de Internet.

sábado, febrero 10, 2007

Preámbulo a las instrucciones para activar el celular

Piensa en esto: cuando te regalan un celular te regalan un pequeño infierno sonoro, unas esposas de silicio, un calabozo de ring tones. No te dan solamente el celular, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es el último modelo, con cámara digital, tecnología bluetooth y MP4 incorporados; no te regalan solamente ese menudo buchoncito que engancharás a tu cinturón y pasearás contigo. Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben- un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que enganchar de tu cuerpo con su funda como un bracito desesperado colgándose de tus presillas. Te regalan la necesidad de cargarle la batería todas las semanas, la obligación de que esté encendido para que siga siendo un celular; te regalan la obsesión de atender a cada musiquita que suena en un colectivo, la obsesión por las promociones de tarjetas, el tenerlo siempre a mano para asegurarte de que lo escuches. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca tan pedorra como las otras, te regalan la tendencia a comparar tu celular con los otros celulares. No te regalan un celular, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del celular.


PD: Quiero pedir disculpas a dos personas. A papá, porque me hizo el regalo, que espero se dé cuenta de que las líneas de arriba las escribí con una sonrisa. Al maestro, por el absoluto y completamente descarado plagio, que espero hacer pasar como homenaje.