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miércoles, mayo 21, 2008

Sobre la espacialidad del tiempo

Hace poco leí un artículo de Benjamin Lee Whorf, donde aborda la hipótesis del relativismo lingüístico, también conocida como hipótesis Sapir-Whorf. Esta teoría postula, para decirlo sencillamente, que debido a que pensamos con palabras, y que cada lengua efectúa un determinado recorte de la realidad, la lengua que hablamos condiciona nuestra manera de pensar. A lo largo de su obra, Whorf se dedica a analizar el hopi, una lengua de un pueblo nativo americano, y compararla con el SAE (el estándar europeo, la familia de lenguas que engloba al inglés, el alemán, el francés y tantas otras que provienen de un mismo tronco).
De esta manera, Whorf consigue -al menos por un rato- desnaturalizar la lengua, verla como un recorte aleatorio posible entre tantos, y comprender cómo ciertas concepciones del universo que tenemos por ciertas son simplemente consecuencia de la clasificación arbitraria del lenguaje en el cual pensamos.

Una de las cosas que a Whorf le llama la atención es cómo nosotros, los hablantes de SAE, concebimos al tiempo a partir del recorte de nuestra lengua entre presente, pasado y futuro. La idea del tiempo como algo lineal, como una "grilla de cuadritos" a ser completada día a día, no solamente se manifiesta en metáforas: "qué día largo y pesado", "cuánta distancia me separa de mi adolescencia", "quiero llegar a recibirme a fin de año", son seguramente sólo algunos de entre los tantos ejemplos que pueden pensarse; también queda patente esta concepción del tiempo como algo físico en nuestra gestualidad, los movimientos que hacemos con nuestras manos al intentar transmitir ideas temporales.
Por supuesto, esta concepción que tenemos incorporada nos hace adoptar ciertos hábitos: el culto a las fechas, los calendarios, los relojes; la organización de rutinas que nos aportan seguridad y nos hacen desechar el elemento imprevisto. Whorf sostiene que la cultura hopi desconoce todo esto: no saben de cumpleaños ni de aniversarios. El tiempo no es algo lineal sino cíclico. Los días no se suceden como si se tratara de los vagones de un tren, se acumulan una y otra vez, como si fuera un mismo día con ciertas modificaciones.

Me puse a reflexionar al respecto el otro día en clase, cuando los chicos me preguntaron cuánto faltaba para salir a jugar al recreo. "A short time", les respondí. "¿Cortito, cortito así?", preguntó una nena, juntando sus deditos índice y pulgar. "No, largo asíííí", dijo otro chico, extendiendo sus bracitos todo lo que pudo. Junto con la lengua materna, han incorporado a sus cinco años la noción de espacialidad del tiempo, algo que nos resulta totalmente natural y que, no obstante, es tan arbitraria como cualquier otra clasificación que una lengua humana cualquiera hace de la realidad, objeto por completo inaprensible.

miércoles, abril 23, 2008

La libretita del sociolingüista

Hace unos días, hablando de lo estructurado que en realidad es el uso que cotidianamente hacemos del lenguaje, el profesor de Sociolingüística nos propuso -medio en chiste, medio en serio- llevar nuestra propia "libretita del sociolingüista". Se trata de un cuadernito donde anotaríamos todos y cada uno de los intercambios verbales que efectuáramos durante (al menos) una semana. Por curiosidad decidí hacer el experimento... y bueno, éstas son algunas de las cuestiones con las que me crucé:
  • Es difícil definir qué es un intercambio verbal: A ver, está claro que hablamos todo el tiempo. ¿Hace falta anotar que dije "un peso" al colectivero al subir, pidiendo el boleto? ¿Y si me preguntaron la hora por la calle y me encogí de hombros? En mi opinión, las charlas por teléfono cuentan pero, ¿también el blog, los mensajitos de texto, los e-mails? ¿Y cuando le hablo a mi gata, las dos solas en casa? ¿Qué es lo que anoto? ¿Qué puedo pasar por alto?
  • No registramos tan fácilmente a los demás: Llega un punto en que es inútil proponerse "anotar todo", porque uno se da cuenta de que ciertos intercambios ni los registra, como los saludos al pasar con algún vecino a quien no habíamos visto antes, o una queja de nuestro jefe a la que directamente no respondemos, más que con una puteada para nuestros adentros.
  • Figuritas repetidas: Comprobé lo que dijera el profesor, de que finalmente siempre estamos hablando de lo mismo. ¿Alguien podría dudar de que el tema más anotado en la última semana fuera "humo"? Ya fuera porque lo sacara yo, ya fuera porque alguien más me hablara de esto, la nube que cubría Buenos Aires sofocó también los renglones de mi libretita.
  • La paradoja del observador: Sabiendo que iba a registrar todo lo que se dijera, ¿hubo algún tema escabroso que, subconscientemente, busqué evitar? ¿O acaso guié la conversación para tratar de hacerla más fácilmente registrable, o más interesante? No puedo estar segura. Para superar este escollo, tendría que acostumbrarme tanto a la presencia de la libretita hasta que ésta me resultara de lo más natural, y la verdad es que ni siquiera la aguanté una semana completa.
  • Nunca estamos solos: Aunque se trate de conversaciones breves, en todos los días registré al menos veinte intercambios con distintas personas. ¡En serio! Y después que nadie diga que no tiene con quién charlar.
En síntesis, me resultó una experiencia bastante compleja y enriquecedora. No nos damos cuenta que nuestras palabras nunca están aisladas, sino que vienen a ser un hilito de la inmensa red de lenguaje que tejemos constantemente los seres humanos. Hoy, Día del Idioma, dejo acá éste, mi pequeño aporte.

viernes, febrero 08, 2008

Y a este lado del ring...

El otro día tuve una interesante discusión por correspondencia con mi abuelo, con quien a menudo debato largamente. No siempre pensamos igual (como fue este caso) pero a los dos nos interesa escuchar el punto de vista del otro y creo que nuestras conversaciones terminan siendo fructíferas.
La última discusión se desencadenó a raíz de que yo le había expresado mi admiración por Steven Pinker, uno de los autores responsables por mi interés en la psicolingüística. Mi abuelo, hombre de lo más religioso, encontró una cita en un libro de él que le causó resquemor, y ahí empezó todo. Pinker toma el siguiente punto de partida en su libro Cómo funciona la mente: "quisiera poder convencer al lector de que la mente no está animada por un éter divino o un único y maravilloso principio." (pág. 19) De ahí en más, mi abuelo se puso a atacar a este autor, para quien las personas no somos más que "animalitos evolucionados" y que cómo puede ser que se ignore que el ser humano es en esencia espiritual.
Mientras elaboraba mi respuesta me di cuenta de que nuevamente, en nosotros se sintetizaba el viejo debate de ciencia vs. religión. ¿Cómo defender a la ciencia -pensé- sin que mi abuelo interprete que estoy atacando a la religión, mucho menos a su religión? Bueno, si bien lo estoy resumiendo un poco, me quedó algo así:
Todo el asunto sobre si hay o no un "éter divino", creo yo, hoy está fuera de discusión en cualquier ámbito científico. Quiero decir, no es que la comunidad científica en su conjunto sea atea (al menos, sus integrantes en su vida personal) pero sí que Dios está fuera de la cuestión si de hacer ciencia se trata: puede ser que exista como puede ser que no -esto no lo digo yo, Mariana, que efectivamente sí creo que existe- pero más allá de eso, hay que resolver las preguntas basándonos en lo que conocemos de física, química, biología, etc. Si no, todo sería muy fácil: preguntale a los científicos medievales por qué las flores tienen diferentes colores y te responderían algo como "expresan la belleza de la creación divina" (no es una cita erudita ni mucho menos, estoy suponiendo), y esto, sin que necesariamente sea falso, no explica la cuestión.
Creo que Pinker, en cuanto neurofisiólogo, busca explicar el por qué de nuestros actos mentales en sí, sin meterse en una cuestión moral sino puramente centífica. Te imaginarás que si el punto de partida fuera diferente del que toma Pinker, "tenemos lenguaje porque Dios nos lo puso ahí, en la mente-cerebro, espíritu, etc" el libro, y la ciencia, se terminan ahí. No te niego que sería más cómodo, pero evidentemente la curiosidad del hombre, la necesidad de conocer más que vos muy bien mencionás, no se agota ahí.
En cuanto a si el hombre tiene espíritu o si es solamente un conjunto de moléculas, creo que una cosa no tendría por qué quitar la otra. Sí somos un conjunto de moléculas y muchas de nuestras conductas son reguladas por una corriente de neurotransmisores y hormonas, etc. Pero, por no ser máquinas, por ser algo más que un manojo de nervios y tripas, es que podemos tomar decisiones, podemos ser solidarios y hasta altruistas en algunos casos, podemos refrenar ciertos impulsos y desarrollar otros que ellas no tienen (el arte, por ejemplo)-. El ejemplo que vos me ponés de "individuos que se comportan como reales animalitos depravados (polítiqueros ladrones, narcos, violadores, secuestradores, boqueteros, piqueteros, automovilistas salvajes, explotadores de gente, comerciantes piolas, bobos consumistas, etc., etc., etc.)." es el mejor ejemplo de que hacerle caso a lo moralmente correcto (obedecer al espíritu por sobre los impulsos animales) es una mera cuestión de elección.
Nuevamente te recuerdo que no estoy debatiendo la existencia de Dios (discusión que, por otro lado, desde el momento en que somos personas de fe no debería alarmarnos), sino la postura que un científico debe tomar al respecto.
No creo que nunca haya un acuerdo al respecto. Yo misma a veces siento que es imposible continuar aferrándose a la fe, a cualquier fe, una vez que uno se sienta a estudiar una ciencia cualquiera. Y sin embargo, sin embargo, fue mi mismo abuelo quien me enseñó el valor que tiene la fe en la vida de una persona. Una vez le dije "Pero abuelo, vos que crees tanto, ¿qué va a pasar si el día en que te mueras resulta que no hay Dios?". A lo que él me respondió con una sonrisa "En ese caso, jamás me voy a enterar. Nunca voy a llegar a arrepentirme de haber creído en Él".

sábado, octubre 27, 2007

Racimo de anécdotas de cosecha reciente

Trabajar a diario con quince chicos de entre cinco y seis años de edad es garantía para no aburrirse nunca. Es increíble escucharlos hablar y observar las diferentes concepciones que tienen de ellos mismos, del mundo y de la vida adulta. He aquí un puñadito de historias mínimas que me tocó escuchar este año en la sala.

Cine-crítica
- ¿Viste que las películas siempre terminan igual? Los malos se vuelven buenos...
- Sí, y los buenos siempre ganan.
Diálogo entre Sofía e Inés, me impresionó cómo en el tono de voz de las nenas (irreproducible por este medio) se transluce ese despertar de conciencia de "sí, así es en las películas, pero la vida, ¿será igual?". No quise intervenir. Tienen muchos años por delante para sacar sus propias conclusiones.

At His service
- Who works in the hospital? (¿quién trabaja en el hospital?) le pregunto a mi clase, viendo los nombres de los distintos lugares y trabajos.
- The doctor!!! -responden, entusiasmados.
- Very good! And who works in the supermarket?
- The cashier!!!
- Excellent! And who works in the church (la iglesia)?
- ... ¿Dios?

Desorientación espacio-temporal
- Cuando existían los dinosaurios... -plantea Camila- ¿cómo hacían para no chocarse con los autos?

Que no me digan que no existe el edipo...
Estoy explicándole a la clase una actividad que vamos a realizar en el cuadernillo. Valentino me interrumpe de repente:
- Miss Mariana, ¿sabés quién es mi novia?
- No, who is she, Valen?
- ¡Mi mamá! -responde con una sonrisa.

Un spanglish de lujo. Fíjense cómo debo haberles insistido con los verbos irregulares:
- What did you bring for desert?, le pregunto a Sofía mientras come.
(Sofi, con la boca llena, señala una manzana que tiene en su tupperware)
- Oh, so you brought an apple...
Desde otra mesa, salta Nacho entusiasmado.
- Sí, yo también la brought.

Si no la gana...
Mati viendo comer a Inés unos bocadillos de espinaca medio quemados:
- Qué asco esa carne que estás comiendo, Inés.
Ella, furiosa:
- ¡No es carne, es espinaca!
- Bueno, eso, es carne de espinaca...

Blog Action Day
- Miss Mariana! -me llama Juanita, ofendidísima- Tomás mató un mosquito. ¡Y YO NO QUIERO QUE MATEN MOSQUITOS! ¡AMO LA NATURALEZA!

sábado, octubre 20, 2007

¿Cristina... presidenta?

Las encuentas "oficiales" (personalmente, no conozco a nadie que vaya a votarla) dan como ganadora de las elecciones presidenciales del domingo a la actual primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, quien promete continuar con la política de su marido. Su carísima y ostentosa campaña -internacional, ya que ha invertido su tiempo en viajar a Alemania y a EEUU, dando por descontado que ella gobernará los próximos cuatro años y haciendo que las elecciones se transformen en un mero trámite para los ciudadanos argentinos- ha sido pagada por los contribuyentes. Mientras tanto, ella se niega a hablar con los medios. Su principal publicidad son los spots televisivos y los afiches callejeros.
Y ahí llego a la cuestión que me interesa a mí, futura lingüista. Política aparte. Bien, los afiches rezan "Cristina presidenta". Al principio no me di cuenta por qué, lo cierto es que me hizo ruido. Me puse a pensar en la etimología de la palabra "presidente". En latín, hubiera sido un participio presente ("persona que está presidiendo"), así como lo son "amante", "estudiante", "ausente", "doliente", etc. Y todas estas formas no tienen flexión de género. Decimos "el amante de la China del norte", "la amante de Keneddy"; "los estudiantes" y "las estudiantes". ¿Por qué entonces "presidenta"?
Consulté con amigos y conocidos, algunos me dieron la razón "es que es re-bruta", otros me dijeron que existían las dos posibilidades. Me fijé entonces en la RAE: es cierto, está aceptado "presidenta". De hecho, una de las acepciones (exactamente la 4ta) es la siguiente "f. . coloq. Mujer del presidente". Claro, ahora me explico por qué Fernández se comporta así: ¡ya es presidenta!
Más allá de que pudiera estar aceptado, el "presidenta" hace énfasis en la condición femenina de la persona, y aquello que podría ser interpretado como un gesto reivindicativo, más bien a mi parecer termina deviniendo machismo puro. ¿Por qué? Piénsese en la lucha que las feministas vienen haciendo para que -en mi ámbito académico, al menos- a las poetas se les dejara de decir "poetisas". Con "presidente" pasa lo mismo.
Porque el cargo, tal como figura en nuestra Constitución Nacional, es de "Presidente de la Nación", y no me parece que debiera modificarse según el género del sujeto que lo ostente en determinado período. De hecho, la principal opositora mujer que tiene Fernández, no lo hace: "Carrió Presidente". Nadie debería votar o dejar de votar a un candidato por su género, sino por sus propuestas de gobierno. Carrió no usa su nombre de pila tampoco. Tradicionalmente, los políticos se identifican por su apellido. Cuando usan el nombre, es por algo (si no, pensemos en el inocente "Mauricio" contra el sinientro "Macri", y la campaña opositora que intentó sacarle provecho a su elección "No nos confundamos. Mauricio es Macri").
¿Qué pasa con Fernández que no usa su apellido? ¿Es porque es muy común en Argentina? ¿O acaso porque toda la gente la identifica con el "Kirchner" (apellido del marido que, por supuesto, quedaría pésimo que usara)? Es posible que estos factores le pesen. No obstante, me parece que la principal razón es que de esta manera se identifica -una vez más, como viene siendo su objetivo- con el ícono-mito-ídolo popular Evita. ¡Faltaba que se pusiera "Cristinita Presidenta"!

Bien, espero comentarios refutándome mis críticas a la supuesta futura presidente si así lo desean algunos lectores. Por mi parte, tengo muchas razones para no votarla. Pero esta vez lo hago como estudiante de lingüística. ¿Cristina presidenta? Me parece que no.

jueves, agosto 02, 2007

Ya saben lo que se dice del traduttore

... y por si no lo saben -quien no tenga un abuelito con ascendencia italiana- "Traduttore, tradittore!". Lo que significa que, cada vez que alguien traduce, necesariamente tiene que romper con las lenguas que está utilizando, ya que lo que se diga en una de ellas jamás será exactamente igual que lo que se pretende decir en la otra. La tarea del traductor (de la que nos hablara Walter Benjamin en cierto artículo que ningún estudiante de Letras que se precie habrá dejado de leer) nunca será calcar de una a otra lengua, sino intentar traducir lo más esencial del mensaje respetando lo propio y único de cada una de ellas.

Ahora, cuando al que hay que traducirse es a uno mismo, es doblemente complicado, porque nadie mejor que uno para saber qué quiso decir... ¡y aún así qué difícil nos resulta reproducirlo en una lengua ajena! Releo mis viejos artículos como si fueran los de otro, todo porque me propuse armar, nuevamente por motivos laborales, mi blog en inglés. Y realmente qué jodido que es tratar de decir lo mismo sin que sea lo mismo. Es como escribir los mismos artículos por primera vez, pero en esta oportunidad en una lengua que siento siempre como una camisa prestada -me la pruebo, me queda bien, pero no se amolda perfectamente a mí, no es propia ni nunca lo será, por más que la use una y otra vez-.

De cualquier manera, estoy disfrutando mucho de esta tarea de traducir(me), más que nada me resulta muy difícil imaginar hipotéticos lectores de lengua inglesa, y es más parecido a escribir ficción. Además, está a mitad de camino entre la incertidumbre creativa de la escritura libre, y el esfuerzo por la fidelidad de la traducción de un texto ajeno. Es decir, traduciendo mis propios textos, tengo permiso para reinventarme.

martes, julio 17, 2007

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta? Las palabras no son inocentes

Ayer tuve que morderme la lengua durante una reunión de trabajo. Una bienintencionada mamá, preocupada porque su nena está pasando una época de mucha angustia, comentó "qué sé yo, ya no sé qué pensar. Será que lo hereda de mis abuelos, que son judíos. Es tan común para ellos ser dramáticos, hacerse problema por todo forma parte de su manera de ser...". Y ahí nomás salta la directora: "Sí, es algo instalado en la raza. Pero no te preocupes: yo tengo una amiga cuyos padres son judíos, y cuando vinieron a Argentina, lo primero que hicieron fue ingresar a las chicas a un colegio recontra-católico, y ¡no sabés lo bien que se criaron esas chicas! Es algo que se puede corregir".
Yo transpiraba. Sentí, primero, vergüenza ajena ante semejante demostración de ignorancia. Segundo, mucha bronca. ¿Cómo se puede una persona dar el lujo de hacer tan inocentemente un comentario tan peligroso? Tercero, la necesidad de no intervenir: quería escuchar qué decía la mamá. Después de todo, se estaba hablando de su familia. Pero, para mi gran desilusión, la conversación tomo otro giro.
Pero esto no fue todo. Una vez que la mamá se fue, la directora nos dice a las maestras: "Ésa es la cuestión [por la cual esta chiquita se angustia tanto], es algo tan natural de los judíos..." Y ahí sí tuve que saltar: "Eso es una generalización muy grande, no es así". A lo cual me respondieron con un comentario tonto restándole importancia al tema.

Me puse a pensar que la palabra "raza" debería extirparse de nuestro vocabulario, salvo para referirse a animales. Mi amiga Vicky, que se interesa mucho por la antropología, me explicó que de hecho, ya no se usa. A lo sumo, se hace referencia a una etnia (f. grupo humano con características físicas, culturales y nacionales homogéneas). Existe una sola raza humana, eso está claro. Si me quieren hablar de diferentes culturas, de diferentes historias, de diferentes tradiciones, bueno, puede ser. Pero una cultura nunca será algo "natural", que "venga instalado", y mucho menos algo que haya que "corregir".
También pensé en aquellas chicas (hoy seguramente viejitas católicas conservadoras como su amiga) y en la crisis de identidad que se les debe haber producido: renegar absolutamente de su fe, pasarse a un ámbito fanático de otra, donde deben haber sido miradas como parias... ¿cómo puede decir que se hayan criado bárbaro? Y si hubieran sido educadas en su fe judía, ¿acaso qué? ¿Se habrían criado "mal"?

A todo esto, se me podría responder que ella en ningún momento planteó nada peligroso, ninguna crítica hacia los judíos que no haya hecho la misma mamá de la nena (de familia judía), así como lo hacen Woody Allen, Jerry Seinfeld, Jorge Ginzburg y otros comediantes judíos que saben reirse de sí mismos sin ofender a nadie. Pero para mí, lo grave no radica en la generalización "los judíos son dramáticos" (que en definitiva es la misma pavada que decir "los gallegos son tontos", "los argentinos son orgullosos", "las mujeres no saben manejar", generalizaciones sobre las cuales se construyen tópicos de diversos chistes).
Lo que sí me parece terrible e imperdonable es el uso de una palabra con tanta carga histórica como "raza", que ha justificado no sólo el Holocausto, sino también el genociodio de los pueblos americanos y la esclavitud de los pueblos africanos, entre otras bestialidades. Por lo tanto, este término no puede usarse impunemente.
Las palabras tienen una historia, y la cuentan cada vez que las utilizamos. Las que elegimos para expresarnos tienen una carga semántica a la cual no podemos sustraernos. La lengua no es inocente. Evidentemente, sus hablantes tampoco.

martes, junio 26, 2007

El extraño lenguaje de los Pirahas

¿Se imaginan hablar una lengua que no tenga nociones de número, ni de colores, ni de tiempos verbales? No poder decir cosas tan simples como "Déme tres manzanas rojas, por favor", "Ayer visité a mi abuelita", "Tengo cuatro hijos, ella es mi hija mayor", "Lo hago mañana", "No entiendo ni medio" o "Te quiero mucho"... Bueno, cualquiera de nosotros probablemente encontraría muy difícil moverse en el mundo.

Aparentemente, los pirahas se las arreglan perfectamente. Se trata de una tribu amazónica de 200 individuos, que está siendo investigada por Daniel Everett, profesor de fonética y fonología en la Universidad de Manchester. Este profesor asegura haberle encontrado la hilacha al mismísimo Noam Chomsky, ya que, de confirmarse sus teorías, el concepto de la Gramática Universal -bajo el cual nos hemos criado generaciones de lingüistas- estaría en jaque.

En todo caso, si la lengua de esta tribu resulta ser tal como la describe el profesor Everett, este grupo de gente no precisa de la ficción ni de la recursividad para vivir, ni para trabajar, ni para enamorarse, ni para comerciar ni para conciliar el sueño. La lengua es una herramienta, y cada grupo humano la tiene para lo que considera culturalmente necesario.

Personalmente, opino que esta lengua debería investigarse más a fondo (después de todo, estamos hablando de una "teoría", y además sabemos que si algo les gusta a los lingüistas es alabar o polemizar con Chomsky, a quien a esta altura de mi carrera opino que o se lo ama, o se lo detesta). Pero, quién sabe, también suena sorprendente leer en un cuento de Borges sobre un lenguaje que está formado únicamente por verbos... hasta que leemos las investigaciones de Whorf sobre el hopi.


A quienes les interesa, aquí está el artículo completo sobre los pirahas.

lunes, abril 23, 2007

¡Feliz día!!!

Gracias a él nos comprendemos (a veces), podemos reirnos de los chistes, nos enteramos de hechos lejanos y vecinos, transmitimos nuestros sentimientos más profundos, metemos la pata, leemos desde la publicidad de "Gran Hermano" en el Clarín espectáculos hasta el último de los sonetos de Góngora, tenemos nuestra versión del Scrabble y los crucigramas y sopas de letras, nos emocionamos cuando escuchamos a nuestro bebé decir "ma-ma", podemos descargar nuestra bronca con la más fuerte de las puteadas, tenemos refranes, poesías, recitamos, cantamos...
¡Gracias, español, castellano o rioplatense, viejo, como quieras que te llames!!! ¡Feliz, día, idioma querido!
Hagámosle alguno de estos regalitos, ¿dale?
- Digamos "fuiste", no "fuistesss".
- Opinemos "que...", no "de que...".
- Digamos "fíjense", no "fijesén".
- Hablemos de "Internet" o "la Internet", no "el Internet".
- Para los más jovencitos, limitemos la proporción de "boludo" por cantidad de palabras a menos de diez.
- Y por favor, García Márquez aparte, respetemos nuestra ortografía y no nos mandemos barrabasadas como la del Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras (CEFyL), que se mandó tremenda "livertad" nada menos que en una carátula...

jueves, abril 05, 2007

Aprendizaje y enseñanza

Escribí este texto como consigna en el marco de mi cursada de Didáctica General. Me pareció muy informal, pero me divertí haciéndolo. Si alguno tiene ganas, quisiera leer sus propias historias y experiencias de enseñanza y aprendizaje.

Una situación de enseñanza

Yo tengo veinte años. Estoy en San Bernardo, pasando unas vacaciones en el departamento de mis tíos abuelos. Su hija, Toia, está también parando con nosotros junto con Marcos, su chiquito de dos años y pico. Éste es un nene simpático y extremadamente sociable, con un vocabulario particular que combina el castellano con el inglés (la familia vive en Estado Unidos desde antes de que él naciera, con lo cual el chiquito se crió como bilingüe).
Esa tarde, la mamá de Marcos ha salido a hacer unas compras, y yo me ofrecí a quedarme con el nene. Además de que me gustan los chicos, por Marcos siento una especial fascinación por el tema de la lengua. Todavía no he elegido la orientación de lingüística en la carrera, pero evidentemente está en mí, ahí en algún lado, aunque no me haya dado cuenta. Me fijo mucho en cómo habla este chiquito: cuenta mejor en inglés (“one, two, three, four…”) que en castellano (“dos, tes, dos, tes, dos, tes…”). Mira a la playa y describe lo que ve (“El mar, un perro, a ball, un ave…”). Confunde los pronombres: cuando la mamá le da de comer en la boca, Marcos protesta “vos, vos, ¡vos!”, señalándose a sí mismo con su dedito.
Mientras esperamos a que vuelva su mamá, Marcos y yo estamos tirados en la cama de mis tíos mirando un álbum de fotos. Marcos señala a las personas que aparecen en las fotografías y me las nombra: “papá, mamá, vos” (por él mismo, que está soplando las velitas). Me sonrío.
- No, Marcos –le digo- VOS… (y lo señalo), YO… (y me señalo). Decime “yo”, “yo, Marcos”, “yo”. Tomo su manito y la pongo sobre su pechito.
Marcos razona unos segundos. Vuelve a tomar la foto.
- Mamá, papá… ¿yo?
- Sí, claro, VOS, Marcos, VOS.
- ¿Yo? –su carita se ilumina repentinamente. Se ha producido la comprensión- ¡YO!!! ¡Yo, yo yo!!! –repite, golpeando la fotografía con alegría.

Al rato vuelve Toia, y le digo:
- Mirá lo que le enseñé a Marcos –y, dirigiéndome al nene- Mostrale a mamá quiénes están en la foto.
- Papá, mamá, yo… -con una enorme sonrisa en su cara.
- ¡Muy bien, Marcos! –dice ella- ¡Qué bueno que la tía [así me dicen] te enseñó!!!
Y entonces sucede algo que yo no me esperaba. Marcos empieza a saltar sobre la cama, muerto de risa, mientras exclama “¡Tí-a, tí-a, tí-a!!!”.
- Mirá cómo te festeja –dice Toia, mirándome contenta.

En ese momento experimenté una emoción desconocida, el sentir que había dejado algo en Marcos, algo que le servía, que le gustaba y que lo hacía sentirse orgulloso y seguro de sí mismo. Probablemente nunca se acuerde de que yo le enseñé el pronombre personal “yo”, tal vez hoy ni siquiera se acuerde de mi cara –hace varios años que ni él ni su familia visitan la Argentina. No importa.
Hoy tengo veinticinco años, estudio lingüística y enseño inglés en un jardín de infantes. Los chicos aprenden conmigo muchísimas palabras, pronombres y otras también. Me divierto mucho. A veces me pregunto si ese día en San Bernardo no me marcó un antes y un después. Si estaría haciendo esto hoy si Marcos, en aquella oportunidad, no me hubiera enseñado tanto.

martes, octubre 31, 2006

Jalogüin

Yo tenía ocho años. Una compañerita del colegio nos propuso a mí y a otras amigas: “¿Y si festejamos Jalogüin? Nos disfrazamos y salimos a pedir golosinas, como hacen en los Estados Unidos”. Yo le pinché el globo: “Nada que ver, acá eso no se festeja, nadie va a tener las golosinas preparadas. Es un invento yankee”. En ese entonces era 1990. Palabras más, palabras menos, hoy me hubiera gustado contestarle lo mismo.
Pero no. No puedo. Hoy caminando por la calle vi tres nenitas con sus respectivos disfraces haciendo la concebida pregunta (que en castellano ni siquiera conserva la aliteración característica): ¿dulce o truco? Como San Valentín, otra fiesta pedorra para vender flores y regalitos cursis, Jalogüin nos llega importado de Yankilandia y los vendedores de golosinas están de parabienes.
Los chicos a los que yo doy clases (mal que me pese, de inglés, porque con algo hay que pagar el supermercado) me dijeron toda la semana que falta poco para Jalogüin, que si lo voy a festejar, y yo les contesté (en criollo básico), que no, que yo no festejo Jalogüin porque soy argentina y vivo en Argentina. Qué ingenua. Ellos también viven acá, en una Argentina distinta: son chicos de familias de clase media alta o alta sin zoquetes, pueden festejar lo que quieran, un día típico en su vida sería una fiesta para más del 50% de los chicos argentinos que viven en hogares pobres.
De más está decir que Jalogüin es producto de la penetración imperialista. Qué digo penetración: violación entre muchos, te agarran desprevenida y te la meten por todos lados (la publicidad, digo). No sería de extrañar que en unos pocos años más festejemos President’s Day o Thanksgiving, ya bastante ridículo es comer pavo en Navidad, con el calor que hace acá en nuestro hemisferio.
Me rompe las pelotas pensar que probablemente mis hijos estén el día de mañana queriendo festejar esta celebración importada. Ya veo el diálogo, yo prohibiéndoselos, ellos llorando de rabia, me voy a sentir como ese otro personaje (yankee, por supuesto) que se robaba la Navidad. O como una Mrs Scrooge latinoamericana (éste, personaje inglés de Charles Dickens, no menos representantivo de otra potencia que supo ser imperio e invadirnos en más de una forma).
Ni siquiera se tradujo el nombre, no es “Víspera de todos los santos”, ni “Noche de brujas”, sino esa palabra extranjera que cada vez que la escucho me revuelve las tripas. Así que, como pudimos apropiarnos del fútbol, ¡propongo que por lo menos castellanicemos su ortografía!

miércoles, octubre 04, 2006

¡Qué brrrronca!!!!!!!!!!!!!!

Me fue para la mierda en Psicolingüística II. Tuve uno de esos boqueos espantosos de los que tanto había oído hablar: yo nunca antes había tenido uno. Lo que más me costaba recordar era la terminología que es super precisa, y no podía contestar "El proceso interactivo de reconocimiento léxico es un proceso (uy, esto ya lo puse) en el cual los cosos de adentro laburan junto con los de afuera para producir esta otra cosa".
Pensaba todo el tiempo en que si no me hubieran postergado este parcial (que iba a ser el miércoles pasado) me hubiera sacado un nueve o un diez. Ahora, dudo que llegue al seis, y lo peor es que necesito siete para promocionar. Que te posterguen un parcial para el cual ya habías estudiado es malísimo, pero que encima te lo pasen a un día antes de otro examen, es mucho peor.
En fin, que me vaya un poco mejor en Literatura Francesa, aunque mucho no me preocupa, total el final lo voy a tener que rendir igual...

martes, agosto 29, 2006

Leyendo material sobre Psicolingüística, sobre todo las corrientes evolucionistas, que son lo primero que nos pusieron a estudiar este cuatrimestre, se me ocurrió preguntarme:
¿Cuáles habrán sido las primeras palabras jamás pronunciadas? ¿Habrá sido un nombre propio, una señal de alerta, una exclamación de alegría o de asombro?
¿Cuál habrá sido la primera discusión? Claro que para discutir se necesitan dos hablantes, por lo menos. De todas maneras, incluso los que abogan por la hipótesis de que primero haya existido un protolenguaje, se preguntan con quién habrá hablado el primer hablante.
¿Cuándo se habrá inventado el primer insulto? ¿Cuándo el primer piropo? ¿Cuál hará sido el primer chisme? ¿Cuál la primera mentira? ¿Cuál el primer chiste?
¿Cómo habrá sido la primera declaración de amor? La imagino llena de metáforas muy concretas (de ésas que hoy ya están tan gastadas, del estilo "eres mi sol y mi luna"), y no puedo creer que haya surgido antes de la primera declaración de guerra.
¿Cuándo un bebé habrá pronunciado las primeras palabras en lo que hoy llamaríamos media lengua, si en ese momento probablemente toda la lengua estaba a medio hacer? ¿Cuál habrá sido el primer reto que se haya ligado?
¿Cuándo habrá cobrado el hombre conciencia de esta capacidad innata y tan exclusivamente nuestra, la que nos hace ser lo que somos, la que nos permite tener una sociedad, una historia, cualquier tipo de tecnología, una educación o hasta un blog? Qué cosa increíble el lenguaje.

lunes, junio 12, 2006

Cambios en el español: ¿degradación o transformación?

Un poco de historia. Hacia el siglo XV, un grupo de humanistas –entre ellos, Lorenzo Valla– decidió “purificar” el latín, que había cambiado mucho desde su apogeo en la época de Augusto hasta la Baja Edad Media. Se decía que había que restaurar el latín clásico, que era intolerable que en las escuelas se lo hablase tan degradado (por ejemplo, de decir MIHI -a mí, para mí- se había pasado progresivamente a decir “michi”). ¿Resultado? Es a partir del Renacimiento cuando al latín debemos considerarlo una lengua muerta, esto fue lo que pasó: prohibiendo su natural transformación, volviéndolo rígido, el latín se fue transformando en algo arcaico y que difícilmente expresaba lo que el escritor quería decir. Poco a poco, las lenguas “vulgares” (entre ellas, el español) fueron ganando terreno y el latín lo fue perdiendo.
Muchos años después, en 1916, se publica el Curso de Lingüística General....

jueves, mayo 18, 2006

Siguiendo a Konrad Lorenz, siempre creí que los seres humanos no éramos la única especie con lenguaje. Ahora parece que en Escocia descubrieron que hay una especie de monos que hablan. Por supuesto, todos los amantes de las mascotas saben hace siglos que los animales pueden comunicarse perfectamente (tanto entre ellos como con nosotros), pero en este caso lo sorprendente es que se trata de un lenguaje, y según dicen, con un sistema sintáctico parecido al de los lenguajes humanos.