sábado, mayo 05, 2007

De quejas, reclamos y otras protestas (in)útiles

Quejarse sí sirve para algo. Sólo hay que aprender a hacerlo frente a las personas correctas. ¿Cuántas veces vemos pasar un colectivo frente a la parada en la cual estábamos apoltronados hace más de veinte minutos, y que no nos pare porque estaba lleno o porque -peor- se le había roto la máquina (de boletos)? Creo que debería ser ley levantar gratis a los pasajeros si al que se le rompió parte de su equipo es a vos, y no a ellos.
En fin, la última semana me pasó varios días seguidos de estar esperando el 64 en la esquina de Pueyrredón y Santa Fe (esquina importante y bastante céntrica, por cierto, donde se juntan muchos pasajeros) y que estos tipos no pararan. El jueves pasado sin exagerar nos dejaron de pie cuatro colectivos seguidos, a mí y a varios que estabamos esperando, incluyendo mamás con chicos y personas mayores. Frente a eso, el típico murmullo "qué barbaridad, qué desconsiderados". Yo estaba furiosa y escupiendo sapos y culebras, porque estaba llegando tarde al instituto donde trabajo todas las tardes. Vivo sólo a quince cuadras pero para ir en bondi tengo que salir media hora antes.
Analicé mis opciones: me paré, cuando hubo un semáforo rojo, delante del colectivero que no me había abierto la puerta "abrinos, che, estamos esperando hace mucho y algunos tenemos que laburar!!!", le espeté, inútilmente. Me miró con cara de dogo y me dijo "qué querés que haga si va lleno". Valga aclarar que atrás estaba vacío, la gente se amontonaba frente a la bendita maquinita expendedora. Finalmente, me acordé del celular que tengo, y llamé al 0-800 para quejarme. Me tomaron el reclamo y yo me dije "al pedo, pero al menos hice algo...".
¿Resultados? Esta semana tuve un inspector en la parada, ocupándose de que todos los colectivos pararan y nos dejaran subir, más allá de que el chofer tuviera que pedirles a los pasajeros que se corrieran al fondo. Qué satisfacción me dio verlo al muy cobarde amagar con seguir de largo, para arrimarse humildemente al cordón de la vereda al ver al inspector. Supongo que no habrá sido sólo por mi queja, espero que hayan sido varios los que también llamaron al 0-800. Lo cierto es que esta semana no lllegué tarde al instituto.
Lo repito: quejarse sí sirve. Lo que no sirve es romperle las pelotas a los otros cuando está en uno decidir hacer algo productivo. Así que esta entrada no figura como "queja", sino como consejo para ustedes, los muchos lectores que me preguntan por qué me quejo tanto en este medio: ¡No se quejen! O, mejor dicho, ¡háganlo!!! Sí sirve. Y si no, pregúntenle a la gente de Greenpeace, que hoy me dio la buena noticia de que no recibiremos basura nuclear de Australia.

2 comentarios:

benjamin1974© dijo...

Quizas el problema este en la idiologia de la gente: "Para que vas a llamar si no te van a dar bola?".
Quizas no haya tantas quejas y por eso no tantas respuestas.
Quizas me equivoque.

Sebastián dijo...

Me alegro de que haya logrado eso, es todo un ejemplo. Yo suelo sucumbir ante el síndrome que mencionó Benja, pero nos has dado una lección.

Besos.