miércoles, julio 23, 2008

Hacia el cielo

Los colores del cinturón en TaeKwon Do (así como en otras artes marciales) tienen un significado específico: uno no va simplemente cambiando de categoría porque sí, agregando las puntas de colores al tuntún, sino que cada cambio de categoría representa un crecimiento del practicante. El cinturón verde (el mío) simboliza el crecimiento de una planta, que afirma sus raíces en la tierra así como el conocimiento del TaeKwon Do se está afirmando en el practicante.
Hoy rendí mi examen para punta azul, y pude finalmente romper -¡en tres pedazos!- la tabla con la patada circular, aquella rotura que me quedara pendiente en diciembre pasado. El significado del cinturón azul es el cielo, hacia el cual la planta crece elevándose, a la vez que mantiene las raíces cada vez más firmes. Siento que me gané mi categoría. Que, una vez más, pude romper mis propios límites.

miércoles, julio 16, 2008

Vacíos

A mí siempre me ha costado lidiar con los espacios en blanco. Me cuesta cuando las casillas no están todas completas, cuando hay vacíos. Tal vez por eso me dediqué a escribir en un primer momento: para tapar el blanco infame de las hojas, que pareciera reirse en mi cara. Tal vez por eso también, mientras hablo por teléfono, pinto con una birome los huecos de las letras O de todo folleto que cae en mis manos. No me gusta lo incompleto, lo indefinido, lo indeterminado.
Y sin embargo, estoy en un momento de mi vida donde necesariamente me toca atravesar páginas en blanco, lugares vacantes, casillas sin completar. La incertidumbre que me espera allá, al fondo del último puente, del último parcial y de la última monografía del último cuatrimestre de mi carrera -que ya llevo recorriendo casi ocho años-. El gran salto al vacío que implica soñar con construir nuestra vida junto a otra persona. Las dudas, preguntas, sueños interrumpidos por un brusco despertar.
Creo que mi ausencia prolongada de este espacio también es una manera de expresar el vacío que siento a mi alrededor. Por momentos me siento rodeada de gente a la que adoro, que me conoce y que me comprende, por momentos estoy sola flotando en un mar de niebla. Pero a la vez sé que es importante aprender a lidiar con el vacío. Que no puedo tener siempre todo guardadito en un cajón, todas las camisas colgadas de su respectiva percha, todos los lápices con punta. Tengo que animarme a cruzar el puente, aunque no sé qué hay del otro lado y me da miedo precipitarme al abismo. Tengo que dar el salto con la confianza en que somos dos los que saltamos, de la mano, creyendo que el aterrizaje será suave.
Y aunque sea, esta noche hay una página en blanco menos que me mira muerta de risa.

martes, junio 17, 2008

Rastreando nuestros orígenes

El otro día entré por primera vez a ese universo paralelo que es Facebook, del cual tanto había escuchado hablar. Además de todos los amigos de la primaria y de la secundaria que encontré dando vueltas por ahí (algunos de los cuales hacía años que no trataba), fue una grata sorpresa encontrar que mi prima forma parte de un grupo con el cual compartimos el apellido. Encontramos "parientes" lejanos en EEUU, España (principalmente, ya que nuestro apellido es de origen asturiano), Costa Rica, México... muy curioso.
Y eso me motivó a armar -con ayuda de este sitio- el árbol genealógico de mi familia, por parte de padre y de madre. Primero, apelé a mi memoria -que, por si alguien no lo sabe, es particularmente buena: recuerdo fechas, nombres, anécdotas, etc. con suma facilidad-. Pero llegó un momento que no me acordaba más: ¿alguien sabe el apellido de soltera de sus bisabuelas, o el nombre de pila de todos y cada uno de sus tatarabuelos?
Entonces recurrí a la memoria de mis abuelos: me senté la tarde de domingo junto a mi abuelo Oscar -del cual he hablado en alguna oportunidad- y aproveché que su memoria también está intacta: me contó con detalle los nombres y fechas de varias generaciones atrás (cabe aclarar que él en algún momento se tomó el mismo trabajo que yo, y tenía todo anotado e incluso, varias fotos viejas). Sin embargo, lo más interesante fue que no sólo recordaba nombres, sino que fueron surgiendo historias: el hermanito de mi bisabuela que murió electrocutado a los diez años; la prima linda que se casó con un pelado bajito, feo y burrero; mi tatarabuela obesa que murió del corazón a los 27 años; el tío que tuvo un hijo "natural"; etc. Más tarde, mi mamá siguió contándome de la otra rama, y ya le pedí a mi abuela materna que venga un día de las vacaciones a tomar el té para que me siga contando cosas.

En algún momento de la ardua tarea -ya tengo casi 160 parientes registrados- me pregunté para qué alguien puede querer armar su árbol genealógico. Encontré la respuesta en la satisfacción de escuchar historias, en darle a mis abuelos la oportunidad de que su familia (que ya, por razones de distancia, no es la mía, si bien por sangre sí) siga existiendo.
Me puse a pensar cómo las familias (en el sentido de presencia, de cercanía) son algo absolutamente momentáneo. Por ejemplo, pensaba en mi hermana, a quien adoro, y con quien más que probablemente siga en contacto toda mi vida. Nuestros hijos van a ser primos hermanos, y probablemente también se traten. Pero, ¿y sus hijos? Tal vez ni se conozcan, como me pasa a mí con algunos sobrinos nietos de mis abuelos... Entonces, nuestra familia existe ahora, con nosotros. Después, como el resto de la humanidad, pasará. Dejará lugar a otras familias, de las que con suerte, seremos sólo un nombre en una ramita de su árbol.

lunes, junio 02, 2008

Parte médico

Aprovecho que la gripe me tiene postrada en casa un par de días para actualizar mi blog, que de lo contrario seguiría abandonado por tiempo indeterminado. La verdad es que me siento sin energías para dedicarle. Además, la racha de blogs amigos que de un día para el otro se cierran me ha deprimido bastante. Qué sé yo, supongo que son épocas. Hoy en día, no tengo las pilas puestas para publicar como antes. Ya volveré un día de estos, veremos...

miércoles, mayo 21, 2008

Sobre la espacialidad del tiempo

Hace poco leí un artículo de Benjamin Lee Whorf, donde aborda la hipótesis del relativismo lingüístico, también conocida como hipótesis Sapir-Whorf. Esta teoría postula, para decirlo sencillamente, que debido a que pensamos con palabras, y que cada lengua efectúa un determinado recorte de la realidad, la lengua que hablamos condiciona nuestra manera de pensar. A lo largo de su obra, Whorf se dedica a analizar el hopi, una lengua de un pueblo nativo americano, y compararla con el SAE (el estándar europeo, la familia de lenguas que engloba al inglés, el alemán, el francés y tantas otras que provienen de un mismo tronco).
De esta manera, Whorf consigue -al menos por un rato- desnaturalizar la lengua, verla como un recorte aleatorio posible entre tantos, y comprender cómo ciertas concepciones del universo que tenemos por ciertas son simplemente consecuencia de la clasificación arbitraria del lenguaje en el cual pensamos.

Una de las cosas que a Whorf le llama la atención es cómo nosotros, los hablantes de SAE, concebimos al tiempo a partir del recorte de nuestra lengua entre presente, pasado y futuro. La idea del tiempo como algo lineal, como una "grilla de cuadritos" a ser completada día a día, no solamente se manifiesta en metáforas: "qué día largo y pesado", "cuánta distancia me separa de mi adolescencia", "quiero llegar a recibirme a fin de año", son seguramente sólo algunos de entre los tantos ejemplos que pueden pensarse; también queda patente esta concepción del tiempo como algo físico en nuestra gestualidad, los movimientos que hacemos con nuestras manos al intentar transmitir ideas temporales.
Por supuesto, esta concepción que tenemos incorporada nos hace adoptar ciertos hábitos: el culto a las fechas, los calendarios, los relojes; la organización de rutinas que nos aportan seguridad y nos hacen desechar el elemento imprevisto. Whorf sostiene que la cultura hopi desconoce todo esto: no saben de cumpleaños ni de aniversarios. El tiempo no es algo lineal sino cíclico. Los días no se suceden como si se tratara de los vagones de un tren, se acumulan una y otra vez, como si fuera un mismo día con ciertas modificaciones.

Me puse a reflexionar al respecto el otro día en clase, cuando los chicos me preguntaron cuánto faltaba para salir a jugar al recreo. "A short time", les respondí. "¿Cortito, cortito así?", preguntó una nena, juntando sus deditos índice y pulgar. "No, largo asíííí", dijo otro chico, extendiendo sus bracitos todo lo que pudo. Junto con la lengua materna, han incorporado a sus cinco años la noción de espacialidad del tiempo, algo que nos resulta totalmente natural y que, no obstante, es tan arbitraria como cualquier otra clasificación que una lengua humana cualquiera hace de la realidad, objeto por completo inaprensible.

viernes, mayo 16, 2008

Feliz cumple

Hoy, además de mi querida hermana Eugenia (que cumple un cuarto de siglo) se cumplen dos años de que La Era... hizo su aparición en la blogósfera, con esta primera entrada, que me imagino que en su momento habrán leído pocos. La pregunta que en ese momento me formulaba, "¿Por qué un blog?", hoy la he respondido -creo-: un blog para escribir periódicamente, para poner en palabras cosas que se me cruzan por la cabeza y darles la importancia que se merecen. O, por el contrario, para darme cuenta de que no son importantes y no justifican siquiera un post. Un blog para leerme con gente de diversos países, para hacer amigos y conocer otras formas de pensar y otros intereses distintos a los míos. Un blog como una ventana al mundo, a la vez que deja ver algo de mi mundito interior.
Ya sé que últimamente lo tengo un poco abandonado, no pudiendo dedicarle todo el tiempo que mis lectores se merecen o que a mí me gustaría, pero sigo estando acá. Y ojalá que queden por delante muchos años más de seguir publicando blogludeces, para ustedes que las leen, y sobre todo para mí, que las escribo.

martes, mayo 13, 2008

Entre las paredes de Puán 480

Hoy salí de rendir el parcial de sociolingüística y, como siempre en estas situaciones, me sentí liviana y renovada. Paseé por la facultad, me compré un alfajor triple en el kiosquito del primer piso y me puse a esperar que terminaran su examen los compañeros con los que estuve estudiando estos días. Al rato salió Flor -una de ellos- y nos pusimos a charlar. Después nos dimos cuenta de que el parcial había sido en un aula del primer piso, y que nosotras estábamos esperando a nuestros compañeros... en la misma aula, pero del segundo. Por suerte igual pude encontrarme con ellos y terminé compartiendo un café en el bar Platón y dándole vueltas y vueltas a lo que contestó cada uno.
Me puse a pensar que, justo ahora que estoy terminando la carrera, que pronto mis rutinas de Puán van a ser recuerdo, voy a extrañar muchísimo tantas cosas... pasé en este edificio los últimos siete años, mucho más de lo que en su momento pasé en el colegio secundario, y acá fui y soy todo lo feliz que no fui de adolescente. Me encanta cruzarme con gente que conocí en otras materias y tener una charlita sobre lo que cada uno está cursando. Me encanta aprovechar el recreo entre práctico y teórico para tomarme un café. Me divierte leer las discusiones de las chicas escritas en las puertas de los baños de mujeres. Disfruto enormemente los ratitos en los que revuelvo las mesas de saldos en las librerías de la cuadra. Tengo un cariño enorme por tantos rincones, tantos lugares donde compartí momentos increíbles con personas que conocí acá adentro... algunas siguen conmigo hasta el día de hoy, otros quedaron en el pasado junto al recuerdo de una mesa junto a la ventana en Die Brücke, desde donde decíamos, se podía ver un Aleph.
Pese a la cantidad irritante de carteles pegados por todos lados, a la escasez de bancos, a las interrupciones en las clases, a las colas para comprar apuntes en el CEFyL, a la mugre y a los amontonamientos de la escalera principal en las horas pico, Puán 480 es uno de mis lugares en el mundo. Acá adentro me siento como en casa.
Siento que mi carrera es un ciclo cumplido, y me da mucha satisfacción pensar que en menos de un año voy a estar tramitando mi título, pero a la vez, me resulta imposible no sentir nostalgia. Pero bueno, todavía faltan unos meses. A disfrutarlos. Y después, vendrá lo que vendrá. Otras personas, otros desafíos, otros lugares. ¿Otro Aleph?