Mostrando las entradas con la etiqueta Córdoba. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Córdoba. Mostrar todas las entradas

domingo, febrero 03, 2008

Diario de viaje. Tercera parte: Capilla del Monte.

Es un pueblo pequeño al pie del cerro Uritorco, en la zona de Punilla. Se dice que el cerro ha sido testigo de aterrizajes de OVNIs, y todas estas leyendas le han dado un aura New Age al lugar: hay un templo zen, una videoteca sobre fenómenos paranormales, venta de piedras energéticas, etc. Y más allá de lo que pueda haber de verdad o de chamuyo, hay un paisaje espectacular y muy buena onda.





Un día decidimos ir de cabalgata. Vinieron a buscarnos por el camping a las nueve y media. Partimos siguiendo el curso del río, y fuimos internándonos en la sierra. Los caballos iban al paso y eran mansitos. Sólo había que llevar firmes las riendas y recordar algunas indicaciones que Juan -nuestro guía- repetía cuando era necesario: “Dale, talón, El cuerpo adelante, los pies atrás…” (para las subidas, al revés para las bajadas, que nos resultaron lo más difícil). El día estaba ideal: el sol brillaba sin que hiciera demasiado calor.
Despacio fuimos recorriendo caminitos pedregosos y empinados, a veces cruzábamos el río y se escuchaba el chapoteo de los cascos contra las piedritas del fondo. Otras veces el caminito pasaba al borde de un precipicio y el corazón se me subía a la garganta. Y a cada vuelta del camino, había un paisaje más espectacular que el anterior. Lo pudimos disfrutar muchísimo.
Después de un par de horas llegamos al dique Los Alazanes, un lugar aislado en medio de las sierras, donde se practica la pesca deportiva de truchas. Conocimos al guardapesca, un flaco que vive cinco días allá, solo, y cinco días en el pueblo. Tomamos mate con hojitas de cedrón y nos dimos un chapuzón en el agua del lago.




A causa de un incendio forestal, cerraron el paso al cerro Uritorco justo el día en que teníamos pensado subir. Por suerte, unos amigos que nos hicimos en el camping tuvieron la idea de ir a Paso del Indio, un paseo muy lindo al margen de un río. Fuimos Laura, Sergio, Javi y yo a almorzar allá. Hicimos una caminata por sobre unas rocas que nos llevó hasta una gruta alta y estrecha, por la que apenas se puede pasar: toda una aventura. Más tarde vinieron otras dos parejitas que conocimos. Pasamos la tarde ahí, refrescándonos en el agua, conversando y tomando mate. Y a la noche, compartimos un asado en el camping.


Con Javi estamos muy contentos de haber conocido gente tan copada y de haber podido compartir tantas cosas con ellos. Y llegaron al final estas hermosas vacaciones. Estoy feliz y agradecida por haber vivido todo lo que nos tocó estos días. Y, como me dijo Javi, lo más hermoso de las vacaciones vuelve conmigo.

lunes, enero 28, 2008

Diario de viaje. Segunda parte: Alta Gracia.

Llegamos y nos encontramos con una ciudad bastante grande (50.000 habitantes según nos informó el taxista que nos trajo al camping), con mucho movimiento y mucho menos turismo que Villa General Belgrano. Por suerte los museos nos quedan bastante cerca, hay transporte público y todo parece accesible.



Uno de los primeros lugares que visitamos fue el Museo Casa del Virrey Liniers, una antigua estancia jesuítica que fue pasando de mano en mano hasta llegar al Virrey, y luego a otras familias que también hacen a la historia de esta ciudad. Hicimos una visita guiada que fue particularmente interesante, ya que nos contaron la historia del lugar desde que la tierra estaba en manos de los indios Comechingones hasta que la construcción fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000. Fue impresionante recorrer las distintas habitaciones, amuebladas como en la época (dormitorios, cocina, incluso el baño), dependencias como la herrería, el palco que se conecta con la iglesia, etc.



Después del almuerzo fuimos a conocer el museo que es la casa de la infancia de Ernesto Che Guevara. La verdad es que pone la piel de gallina porque la exposición es muy personal, sobre todo las fotos y sus cartas. También pasan fragmentos de un documental. Vivo en la facultad rodeada de citas y de iconografía de él, pero hasta hoy nunca había sentido que su figura me llegara así.



Terminamos nuestra recorrida en la casa de Manuel de Falla, músico español que vivió sus últimos años acá en Alta Gracia. Su nombre lo lleva el conservatorio donde estudia Javier, y por eso a él le interesaba particularmente la visita a este museo. Encontramos una casa muy hermosa, llena de piezas del músico, como la batuta, el piano, su frac. Sonaban notas de sus composiciones. A los dos nos pareció un homenaje muy sobrio, si bien nos resultó más emotivo el del Che. Allá no habíamos querido comprar ningún recuerdo porque a los dos nos parece que hacer merchandising con su figura es algo que va en contra de lo que el Che hubiera querido, pero de este último museo Javier se llevó un CD con “El amor brujo”, un clásico de Falla.



La próxima concluyo con el relato de mis vacaciones.

viernes, enero 25, 2008

Diario de viaje. Primera parte: Villa General Belgrano

Después de un viaje en micro que se hizo eterno, llegamos a Villa General Belgrano a las 9:30. Desayunamos escuetamente en la Terminal antes de venir hasta el camping. El lugar está bárbaro, nos sorprendió la conjunción entre apartado y cercano al centro, entre agreste y equipado. En efecto, uno escucha el sonido de los pájaros (y de animales de granja, bastante inverosímiles, como un toro) a la vez que contamos con cocina, baño, heladera, etc.



Este lugar es famoso porque en Octubre se celebra el Oktoberfest, y sus cervezas son famosas en todo el país, por lo que pudimos comprobar la fama está altamente justificada. La avenida principal del pueblo, según Javi, se parece mucho a Bariloche, con sus carteles de madera, sus casitas de recuerdos y los restaurantes típicos. Por todo el pueblo se ven rasgos arquitectónicos (y se nota en las caras rubias y con cachetes colorados de sus habitantes) que muestran el origen alemán de los fundadores.


Al día siguiente visitamos el pueblo de La Cumbrecita, uno de los lugares más hermosos que conozco. Se trata de un pueblito muy chico, enclavado en la sierra, fundado también por inmigrantes alemanes.
La sensación es la de meterse en la escenografía de una película, o mejor aún, en un cuento de hadas. Pero para llegar a eso tuve que sobreponerme a un shock que tuve al llegar: resulta que yo había estado en el pueblo seis años atrás, y lo encontré distinto, muy crecido, y lamentablemente, más turístico y comercial. Eso, en mi opinión, le resta un poco de encanto a la callecita principal. Hay vehículos, caballos, gente promocionando atracciones. Por suerte, al emprender el camino hacia la cascada, recobré la magia.



Todavía nos quedan un par de noches en este camping, porque estamos tan cómodos y tan contentos con la atención y las cosas que hay acá, que decidimos quedarnos hasta el martes. De acá, saldremos a Alta Gracia y allí veremos qué tal. Mientras tanto, aprovechamos para disfrutar de los placeres carnales (ver fotos):


Bueno, esto ha sido todo por hoy. ¡Hasta la próxima!