... así nos dan la primera satisfacción, canta Serrat. Me estoy dando cuenta, después de unos años de trabajar en el jardín, que los chicos -esos que a veces nos deleitan con sus comentarios ingeniosos o tiernos- no copian de los padres tan sólo gestos inocentes como la manera de comer una manzana, o el gusto por el automovilismo. No: los padres transmiten a los hijos su ideología, buena o mala, según quién la mire. Y entonces los chicos hacen muchas veces comentarios que, desde su ingenuidad, mandan al frente mal a sus progenitores. Veamos:
- The racing car goes fast, fast, fast! -digo yo, señalando un autito de carrera en la ilustración de un cuento.- Una vez mi papá iba rápido con el auto -acota una nena- se acercó un policía, mi papá le dio plata y después le preguntó "¿Dónde está mi cambio?" (risas de toda la clase). Y yo:- ...Con el conflicto por el campo, quedó claro que mis alumnitos son claramente hijos de la oligarquía terrateniente que tan mal le cae a D'Elía. Los comentarios de "¿Vos con quién estás, con el gobierno o con el campo?" "Con el campo, ¡obvio!, el gobierno nos quiere robar toda la comida, todo el maíz, toda la carne...", "Me duelen las manos de tanto golpear la cacerola anoche", "Miss Mariana, ¿vos fuiste al cacerolazo? Yo sí."Yendo un poco más atrás, me acuerdo de cuando hubo elecciones el año pasado: "Ganó una señora que tiene cara de bruja", "Dice mi mamá que Cristina es mala, mala, y que va a arruinar el país", "Sí, nos va a robar todo". También extendieron la discusión a nivel ciudad: "Yo voto a Macri" (sic), "Sí, Macri es el mejor y además es de Bocaaaa!!!!".
¿Y yo? Callo. No me corresponde opinar, meterles a los inocentes niños ideas zurditas en la cabeza y tener quilombo con los padres o con las autoridades de la escuela. Pero más de una vez me tengo que morder la lengua. No es la primera vez, por cierto.
Nota al pie: Me pregunto cómo seré cuando tenga mis propios hijos, la cantidad de cosas que -sin darme cuenta- les meteré en la cabeza (para bien o para mal) y la cantidad de macanas que me mandaré con ellos. Ser maestra no te sirve para planificar mejor la propia maternidad, sí acaso para intuir muchas de sus futuras dificultades y problemas. De hecho, desde que trabajo en las salas, he postergado al menos un lustro mi decisión de tener hijos. ¡Cada vez me siento menos preparada para semejante empresa!


