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miércoles, marzo 19, 2008

Los Maestros

A lo largo de nuestra vida, hay diferentes vínculos que nos van marcando. Algunos nos sacan adelante, algunos nos tiran abajo y nos lastiman. Unos pocos duran toda una vida. Hay algunos con los que se comparten intereses pasajeros y luego se diluyen. Y hay otros que nos acompañan un tiempo, pero dejan en nosotros huellas muy marcadas. Hoy quiero hablar de ellos, los Maestros.
No me refiero a la maestra de la escuela primaria, al menos seguro que no a todas, sino a aquellas personas que -sea en un ámbito estrictamente educativo, o no- nos han enseñado cosas valiosas y que aún muchos años después podemos reconocer como guías. Con suerte, cada uno de nosotros puede recordar alguno. Hoy quiero homenajear a los míos.
  • Mi primera Maestra, así con mayúscula, fue mi mamá, quien me transmitió su amor por las palabras, los cuentos, la poesía y la música. Creo que hoy no sería la persona que soy si no me hubiera inculcado tantos intereses y fomentado mi curiosidad natural (además de gestarme, alimentarme y criarme, claro).
  • Claudio Sanseverino era mi maestro de música en la escuela primaria. Con él hice dos años de coro, en los que yo -con sólo diez años- iba a la escuela hasta los sábados para poder ensayar con mis compañeros. Desde entonces, amo cantar. Y quién sabe si sus clases de técnica vocal no me salvaron de perder la voz ahora que trabajo yo como docente.
  • Maximiliano González Jewkes, fue mi profesor de literatura del secundario. De él yo estaba profundamente enamorada, infatuada, deslumbrada por su voz de locutor y sus conocimientos sobre literatura y cine. Una vez, cuando yo estaba en tercer año, le dijo a mi vieja en una reunión de padres: “Mariana va derecho para Letras”. Y en quinto ya decididamente la tenía como mi carrera a seguir.
  • Y el último Maestro que, hasta ahora, he tenido, es Martín Cabrera, mi sabum, mi instructor de Taekwon Do, quien me enseñó a creer en mí misma, a valorar mis esfuerzos sobre todo por lo mucho que me cuesta superarme día a día, a que soy capaz de llegar alto y que los límites son solamente algo que hay que romper.
Creo que a algunos de ellos nunca llegué a hacérselos saber, pero supongo que lo habrán intuído. Por todo lo que me han ido enseñando, me siento muy agradecida, así que a ellos va dedicado este post, mi homenaje.

martes, marzo 11, 2008

Qué fastidio

Va la segunda vez que un desconocido me aborda en el Messenger:
- ola
(YO) - ¿Quién sos?
- JSOIDUGUDSOIG, blah
- ¿De dónde sacaste esta dirección?
- no se, de internet.
- como te llamas
- de donde eres
- que estas haciendo
Y yo termino bruscamente con un: "Nada personal, pero no me gusta hablar con extraños por Internet". Para pasar inmediatamente a bloquear al usuario desconocido.
Es que así me suelo manejar: el MSN lo utilizo por cuestiones más bien concretas y para chatear con amigos que conozco tanto dentro como fuera de la pantalla. En una época era de darme a conocer más, participaba en chats, incluso he conocido a una persona que resultó ser muy importante en una época de mi vida a través de un e-mail. Pero esto es historia antigua. Ya no me interesa que nadie más se me aparezca de esta manera.
No es por paranoica, no creo que nada malo pueda pasarme a mí ni a mi computadora por intercambiar unas palabras inútiles y repetitivas con alguien que no sé quién es ni dónde está. Pero tampoco me interesa perder mi tiempo en ello. No me interesa hacer amigos que me contactaron al azar, buscando seguramente un levante (para los españoles, ligar).
Distinto es en el blog. Las personas nos damos a conocer, compartimos opiniones, consejos y quejas (como ésta). Pero les aclaro que si alguna vez llegan a querer contactarme de otra manera, aclaren de entrada quiénes son y de dónde sacaron la dirección si no quieren que me ponga tan cortamambo como con el flaco de hoy...

viernes, febrero 22, 2008

Tan sólo seis grados de separación

Hay veces en que determinados mensajes nos llegan por más de una fuente en un mismo día, y entonces, al menos en mi caso, me resulta imposible no creer que el universo me quiere decir algo. Hoy, por ejemplo, me deja un mensaje Flor, que es la primera vez que viene al blog, y que justo había escrito esto. Y yo justo estuve hablando con mi amiga Lucre de la teoría de "seis grados de separación" (six degrees of separation). Les comento brevemente lo que ésta dice.
Si vos y tu amigo se conocen, están separados por un grado. Si tu amigo conoce a otra persona que vos no conocés -por ejemplo, su profesor particular de guitarra- el profe y vos están separados por dos grados. Pues bien, la teoría dice que en el mundo no hay dos personas que estén separadas por más de seis grados. En fin, que el mundo es un pañuelo, qué chico es el mundo, etc.
Esta teoría se ha intentado demostrar matemáticamente así como con experimentos, pero nunca ha sido reconocida científicamente, por lo que algunos no la consideran más que una "leyenda urbana". Por lo demás, ha dado origen a una obra de teatro, películas, series de televisión (cómo no pensar en la primera temporada de Héroes, por ejemplo).

Me puse a pensar. Por lo pronto, no me queda muy en claro qué significa exactamente "conocer" a alguien. ¿Puedo decir que "conozco" a Bono, el cantante de U2, porque lo vi cuando se asomó a saludar a sus fans -entre los cuales me encontraba- desde el balcón del hotel cuando estuvo en Buenos Aires? Me parece que no, ni qué decir por haberlo visto a veinte metros desde el estadio donde la banda tocó para 80.000 personas. O sea, yo podría cancherear y decir "conozco a Bono", pero esto es a todas luces falso desde el momento en que Bono nunca va a decir "Sí, yo conozco a Mariana, era una chica alta y flaquita de remera negra que estaba sobre los hombros del novio cuando tocamos One el 7 de marzo de 2006 en River...". Ok, entonces definamos que conocer a alguien implica, mínimamente, que los dos reconozcan que "conocen" al otro y sepan al menos su nombre.
¿Y qué hay con alguien que conociste en el pasado pero hace años que no ves? Por ejemplo, ¿puedo decir que con mi maestra de la sala amarilla aún estamos separadas sólo por un grado, o ya es parte de la anónima multitud? Bueno, de todas maneras, seguro que mi mamá conoce a la que resulta era tía de un compañerito mío que hace poco se encontró por la calle con la señorita Myriam y que ésta le dijo "Dieguito, qué grande que estás...".

De cualquier manera, me parece que algo de verdad puede haber en esta teoría de los seis grados. Hoy charlando con mis compañeras en el jardín donde trabajamos alguien tira el ejemplo de Bush, creo. Pensándolo bien, con los famosos es fácil: supongamos que conozco a un amigo que tiene un amigo que conoce a alguien de medios. No sería tan raro. Este periodista conoce a la presidenta, o al menos a alguien en su entorno directo. Y bueno, la presidenta tiene el (dis)gusto de conocer a Bush, al menos, como dirían en su lengua, "on a first name basis".
Lo más difícil es creer que algo me une con el ejecutivo que acaba de ser despedido por una multinacional en Tokio. O con la panadera nicaragüense que todas las mañanas madruga para amasar. O con un bebé desnutrido nacido en Somalía. Sin embargo, con un poco de imaginación, llego a imaginarme que estamos, de alguna manera, todos nosotros conectados.
¿Qué implicaciones tendría la teoría de ser cierta? Para empezar, estamos todos mucho menos solos. Para los corazones solitarios que buscan al amor de su vida en multitudes anónimas, es un alivio saber que sólo seis pasos los separan de él o ella. Ja, si bastaría con conocer a alguien que te presente a alguien que conoce a alguien que justo conoce a alguien que conoce a alguien que te presente a ese bombonazo espectacular con el que tanto soñaste...
A la vez, qué laberinto de gente para llegar a encontrar esos seis pasos. Somos tantos, cada vez más. Tal vez la teoría de los seis grados de separación fascina porque en realidad es tan remotamente improbable y sin embargo, podría ser cierta. ¿Acaso alguien está en condiciones de refutarla?

domingo, febrero 03, 2008

Diario de viaje. Tercera parte: Capilla del Monte.

Es un pueblo pequeño al pie del cerro Uritorco, en la zona de Punilla. Se dice que el cerro ha sido testigo de aterrizajes de OVNIs, y todas estas leyendas le han dado un aura New Age al lugar: hay un templo zen, una videoteca sobre fenómenos paranormales, venta de piedras energéticas, etc. Y más allá de lo que pueda haber de verdad o de chamuyo, hay un paisaje espectacular y muy buena onda.





Un día decidimos ir de cabalgata. Vinieron a buscarnos por el camping a las nueve y media. Partimos siguiendo el curso del río, y fuimos internándonos en la sierra. Los caballos iban al paso y eran mansitos. Sólo había que llevar firmes las riendas y recordar algunas indicaciones que Juan -nuestro guía- repetía cuando era necesario: “Dale, talón, El cuerpo adelante, los pies atrás…” (para las subidas, al revés para las bajadas, que nos resultaron lo más difícil). El día estaba ideal: el sol brillaba sin que hiciera demasiado calor.
Despacio fuimos recorriendo caminitos pedregosos y empinados, a veces cruzábamos el río y se escuchaba el chapoteo de los cascos contra las piedritas del fondo. Otras veces el caminito pasaba al borde de un precipicio y el corazón se me subía a la garganta. Y a cada vuelta del camino, había un paisaje más espectacular que el anterior. Lo pudimos disfrutar muchísimo.
Después de un par de horas llegamos al dique Los Alazanes, un lugar aislado en medio de las sierras, donde se practica la pesca deportiva de truchas. Conocimos al guardapesca, un flaco que vive cinco días allá, solo, y cinco días en el pueblo. Tomamos mate con hojitas de cedrón y nos dimos un chapuzón en el agua del lago.




A causa de un incendio forestal, cerraron el paso al cerro Uritorco justo el día en que teníamos pensado subir. Por suerte, unos amigos que nos hicimos en el camping tuvieron la idea de ir a Paso del Indio, un paseo muy lindo al margen de un río. Fuimos Laura, Sergio, Javi y yo a almorzar allá. Hicimos una caminata por sobre unas rocas que nos llevó hasta una gruta alta y estrecha, por la que apenas se puede pasar: toda una aventura. Más tarde vinieron otras dos parejitas que conocimos. Pasamos la tarde ahí, refrescándonos en el agua, conversando y tomando mate. Y a la noche, compartimos un asado en el camping.


Con Javi estamos muy contentos de haber conocido gente tan copada y de haber podido compartir tantas cosas con ellos. Y llegaron al final estas hermosas vacaciones. Estoy feliz y agradecida por haber vivido todo lo que nos tocó estos días. Y, como me dijo Javi, lo más hermoso de las vacaciones vuelve conmigo.

miércoles, octubre 03, 2007

Con fecha de vencimiento

Leí, como al pasar, que una política alemana presentó una propuesta de que los matrimonios caduquen a los siete años, dejando a la pareja la decisión de eventualmente renovar sus votos. Lo más curioso es que esta mina pertenece a un partido ultraconservador, y de la ciudad más cristiana de Alemania. Claro que sus colegas pusieron el grito en el cielo: le recomendaron, desde que se cambie de partido, hasta que inicie un "tratamiento psiquiátrico".
¿Es para tanto? La pobre sólo trataba de ser realista: las estadísticas dicen que el amor dura sólo siete años, que la mitad o más de los matrimonios termina en un divorcio, y ésta sería la manera de poner fin a la gran ficción del "juntos para siempre". Qué sé yo, tal vez no sea tan disparatada la propuesta...

De todas maneras, me parece muy extraño, acostumbrados como estamos a las telenovelas y a los finales felices en las comedias románticas, imaginar las siguientes líneas:

- He descubierto que a tu lado la vida es más maravillosa de lo que nunca creí, así que, si me lo permites, pasaré los próximos siete años intentando hacerte feliz....

- ¿Aceptas a Raúl en la salud como en la enfermedad, en la pobreza como en la prosperidad, para amarlo y respetarlo, hasta que el 2014 los separe?

- Son una pareja afortunada, cuplen su segunda reincidencia...

- Che, vieja... ¿pagaste la luz?
- Sí, Pepe.
- ¿Renovaste la licencia de matrimonio?
- Uy, no, este mes se me venció....
- Bueno, hoy me voy de copas con los muchachos y mañana me encargo yo.

Y no sé si no imaginar alquileres de alianzas matrimoniales, o depósitos no reembolsables en caso de falla (¿qué otra cosa son sino los contratos prenupciales?).
Cualquiera me llamaría escéptica. Pero ojo que yo, a pesar de tener padres divorciados, creo que el amor para toda la vida es posible. Supongo que no para cualquiera, y supongo que no se consigue tan fácil sino que hay que remar mucho -y siempre de a dos- para conseguirlo. Pero, hablando en serio, lo del matrimonio a siete años me parece que es apostar a perder desde antes de empezar el partido.

O tal vez sencillamente he visto demasiadas comedias románticas.

miércoles, septiembre 12, 2007

¿Enamoramiento o amor?

El enamoramiento es esa primera sensación de mariposas en el estómago que tenemos cuando acabamos de conocer a alguien. En ese momento, nos parece la persona más atractiva, dulce, simpática, inteligente del universo. Es nuestra alma gemela, es nuestro ideal -cada uno sabe cómo es su ideal, por suerte no todos buscamos lo mismo en una pareja-. Cuando estamos con él o con ella, nos sentimos en las nubes. No todo es color de rosa, sin embargo: nos ponemos colorados, nos agarran palpitaciones, algunos sensibles vomitan, se orinan encima o se infartan...
Supongamos que tuvimos suerte: el enamoramiento fue correspondido e iniciamos una relación. Al prncipio, todo es adrenalina, lujuria, pasión, como quieran llamarlo: queremos estar junto al otro día y noche, nos llamamos, nos mensajeamos, nos e-maileamos, nos faxeamos, nos telepateamos sesenta y tres veces por hora.... Festejamos las horas, días, minutos, segundos que llevamos juntos. Una pelea parece imposible: ¿Cómo discutir con alguien perfecto?
La relación puede agotarse una vez que dejamos atrás esta etapa ideal e irreal que llamamos enamoramiento. Al pasar tiempo con la otra persona, la vamos desidealizando, le descubrimos sus defectos (al tiempo que mostramos los nuestros). Aparecen los desacuerdos. Y descubrimos que extrañamos el resto de nuestra vida: ¿Y mis amigos, cuánto hace que no los veo? ¿Y aquello que yo solía hacer en un edificio grande lleno de afiches, libros y gente con la remera del Che (¡ah, cierto, ir a la facultad!)? ¿Y cuánto hace que no alquilo una peli europea porque al "gordi" le gustan las de Holliwood? En esos casos, la pareja se termina.

Pero, con voluntad y paciencia, podemos adaptarnos al otro tal cual es, sin esperar que sea perfecto, que nos acompañe en toooodo lo que hacemos y sin tener que estar pegados las 24 horas: somos novios, no siameses. En ese caso, podríamos hablar de amor.
En el amor, el otro no es la persona más atractiva del planeta (o tiene celulitis, o várices, o se come las uñas; o bien tiene sus buenos rollitos). Pero nosotros tampoco lo somos (o nos maquillamos para ocultar resabios de acné, o nos teñimos las canas, usamos tacos para disimular nuestro metro cincuenta; ellos se matan haciendo abdominales pero después no hay asado que se les resista, además ya no nos oculta bajo un sombrero su peladita incipiente).
Hace rato dejamos de creer en las almas gemelas: la pareja no se forma en el cielo, se la construye día a día con paciencia y voluntad. Una pelea nos parece a veces, inevitable: ¿cómo no discutir cuando ambos somos distintos? Cuando estamos con él o ella, nos sentimos cómodos siendo quienes somos: no tememos abrir nuestro corazón, compartir nuestros miedos y frustraciones, y acompañar al otro en su propio camino sin pegarnos a sus pies. Podemos hacer cada uno su vida, acompañándonos sin estar encima del otro todo el tiempo. Una llamada para decir "te quiero" es más importante que diecisiete tarjetas electrónicas repletas de corazoncitos.

El enamoramiento es una sensación; el amor es un sentimiento. El enamoramiento es una carrera; el amor, un camino. El enamoramiento es una puerta; el amor es un hogar. El enamoramiento suele durar unos meses. El amor, con suerte, toda la vida.


(Como no podía ser de otra manera, este texto te lo dedico a vos, Javier)

domingo, septiembre 02, 2007

Ausencia - desaparición: sobre la fragilidad de los vínculos virtuales

Esta semana, a propósito de la ausencia reiterada de un amigo blog, me volvieron viejos temores que alguna vez tuve con relación a los vínculos que uno establece únicamente a través de Internet. Por suerte mi amigo dio señales de vida contestando mi correo. Me quedo más tranquila de que no le pasó nada. Pero, decía, no pude evitar recordar una época de mi vida en la cual estuve particularmente deprimida y a menudo pensaba en el suicidio -claro que nunca llegó a ser nada más que un pensamiento-. Y entonces me decía "¿Cómo sabrán mis amigos por e-mail que ya no estoy? No tienen mi teléfono, no tienen forma de localizarme, pensarán que sencillamente ya no contesto sus mensajes".

Y es que Internet sigue siendo un gran mar plagado de náufragos, cada uno en su balsa. Por más vínculos que establezcamos, estamos solos allá afuera. Pese a todo lo que uno deja de sí mismo, pese a lo mucho que creemos mostrarnos auténticamente, ¿podemos decir que nos conocemos de verdad? ¿No es necesario el encuentro cara a cara?

Tal vez no. Con uno de mis amigos, Luis, nos venimos escribiendo desde hace cerca de seis años. Nos hemos hablado por teléfono para nuestros cumpleaños, nos hemos escrito cartas de puño y letra (más personales que los e-mails), hasta he recibido regalos suyos -hermosos libros y discos-, nos intercambiamos fotos, consejos, links de páginas que nos interesan, nos hemos acompañado en momentos difíciles, hemos debatido de política a través de este blog. Pero el encuentro cara a cara jamás se ha producido, simplemente porque nos separan 10.000 kilómetros. Sin embargo, siento a Luis más cercano que a muchos que alguna vez consideré amigos de carne y hueso y que hoy hace mucho que ya no están en mi vida.

De cualquier manera, no puedo evitar seguir preguntándome, mientras los vínculos entre dos personas no dejen de ser "virtuales", qué tan profundos pueden llegar a ser en realidad. Y cuál será la diferencia entre ausentarse, desaparecer y morir. Y qué triste es cuando eso también sucede con las personas que alguna vez estuvieron a nuestro lado. Muertes que -quizás- no nos duelen más porque ignoramos si serán definitivas.

lunes, agosto 06, 2007

Familia(s) de hoy

Publicado por primera vez en la e-magazine "Temas de hombre / temas de mujer", y recientemente traducido al inglés, les dejo este artículo que creo que está hoy tan vigente como hace un par de añitos.

Mamá, papá y dos chicos (mejor si son varón y nena). A veces, el abuelo en el fondo, con una pipa en la boca, o la abuela tejiendo. Típica postal de la familia que aparecía en los libros de lectura hasta hace un par de décadas. La mamá cocina, el papá trabaja, los chicos juegan. El modelo Familia Ingalls, que para muchos era la única e indiscutible garantía de una vida feliz.

Hoy las cosas han cambiado. Mamá y papá se divorciaron, se volvieron a casar y a tener más hijos. Hoy la postal incluye hermanastros, medio hermanos, mamá, el marido nuevo de mamá, papá, la novia de papá, los hijos de la novia de papá. Eso, cuando no se trata de los cada vez más comunes hogares monoparentales. Incluso las familias “tradicionales” se han ido achicando, cada vez es menos común tener muchos hijos, en general por las circunstancias económicas. Los tíos se fueron del país, por la crisis. Los abuelos ya no viven en casa, pero muchas veces los hijos siguen viviendo con sus padres hasta pasados los treinta. E incluso un compañerito de colegio del nene tiene dos papás, o dos mamás… viviendo juntas.

No sucedió de un día para el otro, a diferencia de lo que a muchos les parece....

Leer el resto del artículo.




FOTO: Una típica postal de familia argentina no tradicional: ¡la mía!



domingo, junio 17, 2007

8 cosas sobre mí (cadena bloggleril)

Va, siguiendo a Sebas y a Benja.

Cada jugador cuenta 8 cosas de sí mismo.
Además de las 8 cosas tiene que escribir en su blog las reglas.
Por último tiene que seleccionar a otras 8 personas y escribir sus nombres.
Por supuesto, no hay que olvidar dejarles un comentario, para que se enteren de que han sido seleccionadas para este juego.

1- Tengo catalogados y clasificados los libros de mi biblioteca. Antes de mudarme sola, pasaban los 1.100, pero como muchos eran de mi mamá y quedaron atrás, debo actualizar mi base de datos. No tengo tiempo para hacerlo ahora y esto me desespera un poco.

2- Me encanta contar chistes, sobre todo muy malos. Constantemente se me ocurren juegos de palabras tanto en inglés como en castellano, y no puedo reprimir mis ganas de decírselo a quien tenga al lado, aunque por lo general no causen gracia. Hay muy poca gente con la que comparto este sentido del humor mío. Uno es mi novio, otra es mi mamá. Ella es igual que yo, y así lo era mi abuelo (su padre). Mi mamá bautizó a este tipo de chistes "Maiocchiadas", por el apellido de su padre.

3- Soy muy organizada, a veces hasta la exasperación (de los otros). No solamente soy puntual, también cuido de organizarme eventos con anticipación, en general los lunes ya sé qué voy a hacer el fin de semana siguiente y nunca se me superponen los compromisos porque sé llevar una agenda. Ojo. Esto no siempre es bueno, porque me resta espontaneidad y sorpresa.

4- Soy tremendamente maternal, me conmueven muchísimo los bebés. Me fascina observarlos y sobre todo me interesa cómo van aprendiendo a hablar. También me gustan mucho los chicos pequeños, pero desde que trabajo con nenes de cinco años, he perdido un poco la paciencia. Tengo muchos deseos de ser mamá algún día, y a veces puedo ponerme un poquito ansiosa, si bien sé que todavía no llegó el momento y que tengo mucho por vivir antes.

5- Algo malo que nunca he podido corregir es mi hipocondría y mi alarmismo en general. Si escucho una explosión no es una obra en contrucción: es una bomba. Si me duele la cabeza no es que tengo la vista cansada: es un aneurisma. En fin, lo peor es que cuando de verdad me siento mal nadie me cree porque lo atribuyen a mi constante tendencia a exagerar en este tema.

6- Me considero una persona honesta, no me gusta ocultar lo que pienso y creo que es importante decirse las cosas en la cara. Como contrapartida, tengo poco tacto, lo que me ha llevado a varias peleas (sobre todo con amigos) a los cuales puedo llegar a lastimar sin tener la menor intención de hacerlo y, lo que es peor, sin darme cuenta de dónde estuvo mi error una vez que ya lo cometí, con lo cual no me resulta fácil saber qué le molestó al otro.

7- Creo que el amor es lo más hermoso que nos puede pasar en la vida, y que las relaciones de pareja están para disfrutarlas y no para sufrirlas. Si bien sé que es inevitable que a veces haya roces o diferencias, no soportaría estar en una pareja en la cual nos la pasáramos peleando y discutiendo. Me gusta reír más que llorar, y para problemas, prefiero resolverlos solita. Antes no creía en esto, creía que el amor y el dolor venían de la mano, y me llevó varios años modificar esta creencia destructiva. Este crecimiento lo considero uno de mis mayores logros en la vida.

8- Si bien no me considero particularmente religiosa, tengo mi fe personal. Suelo rezar todos los días, si bien no estoy segura de que Alguien me escuche me hace bien hacerlo. Creo en que la fe por sí sola logra milagros, como sanar a las personas, y si no, no perdemos nada con intentarlo. Si bien soy super racional y para muchas cosas muy escéptica, hay veces que siento que lo que vemos no es todo, que hay Algo más. Y que como ser humano no puedo ser tan soberbia como para rechazar ninguna posibilidad. Por lo demás, me fastidian las religiones vistas como instituciones, como centros de poder y como manipuladoras de la libertad humana. Creo en la tolerancia y en la aceptación, cada uno con sus creencias sin tratar de imponérselas al otro.

Bueno, no tengo ocho contactos de blogs a quienes sugerir seguir con la lista. Invito a mis lectores a dejarme la suya como comentario: Luis, Kupuka, Sole, Vicky, Javi, Euge, usuarios con nombres raros, el que quiera!!!

jueves, marzo 08, 2007

Acerca del llamado "día internacional de la mujer"

Escribí la primera versión de este artículo hace siete años. Reconozco que tal vez mis opiniones actuales al respecto sean más moderadas que las de entonces, pero sigo de acuerdo con la idea general que tenía al escribirlo. En fin, traté de quitar las partes más cebadas y de actualizarme un poco -por ejemplo, hoy existen las revistas "para hombres"-. Si todavía quieren ver el artículo tal como lo escribí a los 18 añetes, está acá.
¿Se les ha ocurrido preguntarse alguna vez por qué es que existe este día internacional de la mujer? A mí sí, y las respuestas que se me vinieron a la cabeza me desilusionan.
Primero: Es un día en el cual se "celebra" el avance que ha tenido la mujer en los últimos cien años, la lucha por nuestros derechos y los logros alcanzados. A mí no me parece que sea algo que haya que celebrar, ya que esos derechos, que con mucho esfuerzo nos van siendo otorgados muy poco a poco, debieron ser nuestros desde un principio, y el hecho de que haya que reclamarlos significa que aún no se los considera en nuestra sociedad algo elemental. Está fuera de toda discusión que las mujeres y los hombres merecemos lo mismo: mismo sueldo por mismo trabajo, iguales condiciones de trato cotidiano, iguales responsabilidades frente a la paternidad, frente a las tareas domésticas y frente al manejo del dinero. Y no porque las mujeres pidamos estas cosas un día al año vamos a llegar a obtenerlas. Creo que es preciso un cambio de actitud: no hay que alegrarnos por tener los derechos que tenemos, sino indignarnos cuando éstos siguen sin ser suficientes. Está bien: el "Día" es necesario porque la lucha de las mujeres sigue en pie. Pero entonces debería ser un día para reflexionar, como el día de la lucha contra el SIDA, no una excusa para vender flores y regalitos.
Segundo: No hay un "dia internacional del hombre".¿Por qué? Sencillo, a ellos no hace falta reconocerles nada, ya lo tienen todo reconocido. A la mujer se la viene considerando desde siempre "la otra". Fue "la esposa de", "la madre de", "la hija de", "la empleada de". Ser mujer sigue siendo lo marcado en la nuestra y en la mayoría de las sociedades.
Con esto no pretendo pecar de feminista. No creo que las mujeres debamos "tomar revancha" por tantos siglos y milenios de opresión masculina. Considero que no somos iguales, sino muy diferentes, pero que valemos lo mismo como seres humanos, y por eso merecemos lo mismo. Por mi parte me duele y me repugnan los hombres (y también algunas mujeres, es verdad) que consideran al sexo femenino como "una porción aparte de la humanidad". Nosotras somos la humanidad, más de la mitad de ella. Ojalá llegue el día en el cual hombres y mujeres seamos un equipo perfecto, tanto en el trabajo, como en la amistad, como en la pareja. Ese día no se va a festejar más el "día internacional de la mujer", sino el "día del ser humano".

martes, enero 02, 2007

Escalera al cielo: Guillermo Agustín Ferrero (1981-2006)

Triste e impresionada. Así me dejó enterarme –por medio de un amigo con el cual no hablaba hace mucho- de la muerte de Guillermo, un ex compañero de secundaria. Tenía veinticinco años, como yo, y lo fulminó la leucemia, enfermedad maldita si las hay. La muerte de cualquier compañero de secundaria me hubiera dejado impresionada. La de Guille, además, me deja triste, muy triste.
Era, como yo lo recuerdo, un muy buen pibe, exitoso en aquello que se proponía, entusiasmado por la ciencia ficción y las computadoras. Le gustaba tocar la guitarra, me acuerdo de que había sacado de oído “My friends” de los Red Hot Chilly Peppers, y “Stairway to heaven” de Led Zeppelin y estoy segura de que, mientras viva, no voy a volver a escucharlas sin acordarme con nostalgia de él. Me acuerdo de cuando me bautizó cariñosamente Gasparín. Todavía conservo una nota que me escribió en la agenda de primer año “Para Mariana, la única que me entiende en matemáticas”. Lo recuerdo esperando con ansiedad el estreno de la nueva saga de Star Wars, recuerdo nuestras charlas sobre Matrix y cómo nos ayudaba a mí y a mis amigas para estudiar física y para hacer los trabajos prácticos de computación. Todo cuarto año se sentó justo delante de mí, por lo que pasamos muchos buenos momentos charlando, incluso en clase.
Desde que terminamos el colegio, no recuerdo haberlo vuelto a ver. Tal vez una o dos veces más durante el primer año. De todas maneras, fue de esos casos en los cuales lo que te distancia es simplemente el tiempo. A lo largo de estos años más de una vez lo recordé con cariño y me pregunté qué habría sido de su vida. Hoy me impresiona pensar que ya no lo voy a ver nunca más. Seguramente sean muchos los compañeros con los cuales no nos veamos más en nuestras vidas, pero es distinto cuando sabés que ya no tenés opción. Hoy me arrepiento de no haber seguido siendo su amiga durante estos años, los que le quedaban.
Cuando yo estaba en el colegio, siempre con imaginación novelera, me preguntaba quién de todos nosotros sería el primero: el primero en casarse, el primero en tener hijos, también el primero en morirse. A menor escala, también me impresionó enterarme hace ya un par de años que una ex compañera había sido mamá. Aquello por lo menos era algo lindo. Pero ambos hechos tienen en común que lo que nos demuestran es el paso del tiempo sobre nosotros mismos.
La muerte de un coetáneo siempre representa para nosotros un anticipo de nuestra propia muerte, eso es lo que yo pienso. Por eso nos impresiona más enterarnos de que murió un compañero al que no veíamos hace siete años de que murió el padre de una de nuestras amigas. La muerte de un padre, de un abuelo, de una tía… sin dejar de ser tristes, no dejan de ser muertes ajenas. En cambio, morimos un poco frente a la muerte de una persona de nuestra edad.
Lamento sinceramente la muerte de Guille. Era una de esas personas que me hacían pensar en que, no importa dónde estuviera, ojalá que tuviera una buena vida. Y ojalá que, si bien breve, la haya tenido. Espero que haya sido feliz. Y deseo de corazón que, dondequiera que esté ahora, esté bien.

lunes, septiembre 04, 2006

Hacerse amigos

Ayer hablaba con mi amigo Gustavo, a propósito de este tema. Yo últimamente veo como una dificultad el hacerse nuevos amigos. Él me decía, en cambio, lo que cuesta conseguir una pareja cuando todo lo que se conoce es gente "buena onda" y que él se viene sintiendo el "amigo de América". ¡Qué cosa! ¿Será posible tener amigos de más?
En una época, más o menos cuando empecé la facultad, me resultaba muy fácil estar rodeada de gente a la que consideraba amiga. Todos los fines de semana tenía planes con distintos grupos. Pasaron los años, y el grupo grande de amigos que una vez supe tener, fue decantando. Esto, ya lo sé, es natural: uno no puede esperar alcanzar un grado de intimidad importante con demasiadas personas. Es lógico que uno sea selectivo.
Pero no solamente me vengo distanciando de gente que eran "amigos del grupo", sino que cada vez más noto dificultades para seguir en contacto con aquellos viejos amigos de la secundaria. También me tocó perder a amigos a los que quise mucho y con quienes nos separó una última y tal vez definitiva pelea. Por más que duela, a veces es preferible seguir caminos separados a lastimarse todo el tiempo.
Lo cierto es que a mi ahora reducido grupo de amigos me está costando mucho agregar a nadie. Tal vez me volví muy cerrada con la gente nueva, tal vez a mi edad ya no es tan fácil incorporar gente a nuestra vida cotidiana como cuando uno es adolescente. Me acuerdo de un capítulo de "Seinfeld" donde se hablaba de esto, pero al revés: Jerry evita a un tipo que le está encima diciendo que después de los treinta uno ya sigue con quienes está y no se hace nuevos amigos. Bueh, ya no seré adolescente, pero por lo menos, todavía tengo unos cuantos años más para hacerme algunos amigos nuevos. Además, no creo que sea estrictamente cierto. Mi mamá dejó atrás los cuarenta y sigue cosechando amigas, tiene una de cada trabajo por los cuales pasó.
Ojo: por si hace falta aclaro que estoy super agradecida por tener a los amigos que tengo, y que los adoro y que no me siento sola ni mucho menos. Sé que a veces no nos vemos tanto como quisiéramos, que los trabajos, el estudio, las parejas y el trajín cotidiano pueden ser obstáculos difíciles de esquivar. Dicen que una persona puede considerarse afortunada de tener un verdadero amigo. Entonces yo, que tengo más de uno, no debería preocuparme por cómo conseguir más amigos, sino sentirme simplemente feliz por tenerlos a ellos, a ustedes que sé que me leen y a algunos más que andan por ahí.