A lo largo de nuestra vida, hay diferentes vínculos que nos van marcando. Algunos nos sacan adelante, algunos nos tiran abajo y nos lastiman. Unos pocos duran toda una vida. Hay algunos con los que se comparten intereses pasajeros y luego se diluyen. Y hay otros que nos acompañan un tiempo, pero dejan en nosotros huellas muy marcadas. Hoy quiero hablar de ellos, los Maestros.
No me refiero a la maestra de la escuela primaria, al menos seguro que no a todas, sino a aquellas personas que -sea en un ámbito estrictamente educativo, o no- nos han enseñado cosas valiosas y que aún muchos años después podemos reconocer como guías. Con suerte, cada uno de nosotros puede recordar alguno. Hoy quiero homenajear a los míos.
- Mi primera Maestra, así con mayúscula, fue mi mamá, quien me transmitió su amor por las palabras, los cuentos, la poesía y la música. Creo que hoy no sería la persona que soy si no me hubiera inculcado tantos intereses y fomentado mi curiosidad natural (además de gestarme, alimentarme y criarme, claro).
- Claudio Sanseverino era mi maestro de música en la escuela primaria. Con él hice dos años de coro, en los que yo -con sólo diez años- iba a la escuela hasta los sábados para poder ensayar con mis compañeros. Desde entonces, amo cantar. Y quién sabe si sus clases de técnica vocal no me salvaron de perder la voz ahora que trabajo yo como docente.
- Maximiliano González Jewkes, fue mi profesor de literatura del secundario. De él yo estaba profundamente enamorada, infatuada, deslumbrada por su voz de locutor y sus conocimientos sobre literatura y cine. Una vez, cuando yo estaba en tercer año, le dijo a mi vieja en una reunión de padres: “Mariana va derecho para Letras”. Y en quinto ya decididamente la tenía como mi carrera a seguir.
- Y el último Maestro que, hasta ahora, he tenido, es Martín Cabrera, mi sabum, mi instructor de Taekwon Do, quien me enseñó a creer en mí misma, a valorar mis esfuerzos sobre todo por lo mucho que me cuesta superarme día a día, a que soy capaz de llegar alto y que los límites son solamente algo que hay que romper.
Creo que a algunos de ellos nunca llegué a hacérselos saber, pero supongo que lo habrán intuído. Por todo lo que me han ido enseñando, me siento muy agradecida, así que a ellos va dedicado este post, mi homenaje.

