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viernes, septiembre 26, 2008

Algunas novedades

- ¡Fiona está mejor!!! Estuvo toda la semana con antibióticos, pero ahora que ya hace varios días que los terminó y no recayó, tengo la seguridad de que ya está bien. La verdad que me asusté mucho: nunca la había visto tan mal. Pero ahora por lo menos ya es una gata más curtida.
- Avanzo con las prácticas. Hoy tendría que haber dado la última clase y recién voy por la mitad. Pero lo importante es que sigo en carrera. Los chicos del curso que me tocó son copados, hacen aportes interesantes y me estoy sintiendo bastante cómoda con las clases.
- A full preparando la mudanza. Faltan quince días y estamos haciendo de todo: que comprar la funda para el sillón, que instalar las rejas, que hacer los arreglos de electricidad, las nuevas luces, la mesita de la compu, las alacenas de la cocina... y se siguen sumando cosas. Pero lo más importante es el paso enorme que estamos por dar.
- A todo esto, hay que sumarle parciales, trabajos prácticos y la movida habitual del cuatrimestre (que, por suerte, es el último). Además, estoy con mucho trabajo de mis otros blogs (rentados).
Pero acá estoy, no me olvido de este espacio que sigue siendo muy importante para mí. Y que me ha acompañado en momentos trascendentes, como los que me toca vivir por estos días.

martes, abril 08, 2008

Un cuento

Como me había propuesto en mis resoluciones para el 2008, estoy tratando de retomar la escritura de ficción. Es por esto que hoy dejo este breve cuento para compartir con todos ustedes. Aceptaré toda clase de críticas, hasta las más despiadadas.

Caída

Ella yacía desnuda en el piso de la cocina. Había dejado de llevar la cuenta de las horas transcurridas así, inmóvil. Sus ojos, extraviados, se detuvieron por un segundo en la telaraña que desde hacía tiempo conectaba la alacena de arriba al cielorraso. Después, su mirada siguió vagando, siguiendo el vuelo errático de una mosca a la que justo se le había ocurrido entrar por la ventana abierta.
Su gato se acercó una vez más a olfatearla. Sintió su hocico frío apoyado en su pantorrilla izquierda. Después, el animal saltó por encima de sus piernas, se posó a su lado y comenzó a lamerse una pata, para pasarla por su hocico, su cabeza y sus orejas. Ella dejó de prestarle atención porque en ese instante sonó el teléfono. Otra vez. Repiqueteó cuatro, cinco, seis veces, y después ella supo que la persona del otro lado de la línea estaría escuchando su voz en el mensaje del contestador.
Por la ventana entraban los rayos del sol de la mañana. No hacía ni frío ni calor, si bien el pronóstico había anunciado un marcado descenso de la temperatura para los próximos días. Entró una ráfaga de brisa, que ella percibió sin estremecerse, con indiferencia, y hasta con hastío.
De repente, en la puerta, el ruido de una llave. Lo había olvidado: hoy era jueves, y Elisa venía a limpiar todos los jueves. Hacía años que trabajaba para ella, y desde siempre tenía su propio juego de llaves, porque ella normalmente estaba en el trabajo hasta pasado el mediodía. Escuchó cómo la señora abría la puerta, saludaba al gato llamándolo por su nombre, colgaba su abrigo del perchero y sintió retumbar sus pasos cuando se dirigió a la cocina.
Elisa ni la miró. Fue hacia la cajonera, sacó su delantal y se lo puso sobre su ropa, una camisa rayada y un jean algo descolorido por el uso. Pasó por sobre encima de ella sin pisarla, como si ni siquiera hubiera reparado en la presencia de la mujer desnuda sobre las baldosas blancas y azuladas. Caminó hasta la pileta y lo primero que hizo fue enjuagar la taza del café que ella se había servido la noche anterior, y había dejado a medio tomar. Desde el suelo, ella escuchó correr el agua y sólo pudo imaginar cómo el líquido amarronado se diluía a medida que se escurría por la rejilla y la taza quedaba limpia.
A través de la puerta abierta pudo ver cómo Elisa trapeaba los muebles del living, sacudía los almohadones del sofá y regaba las plantas, que ella tenía bastante abandonadas. Escuchó una radio prenderse y no se sorprendió por ninguna de las noticias del mediodía. Cuando la aspiradora fue encendida, vio pasar al gato erizando el lomo: le tenía pánico a ese ruido.
Más tarde, Elisa se dirigió al dormitorio, donde seguramente cambiaría las sábanas, acomodaría la ropa tirada en la silla y levantaría los papeles del suelo. En efecto, cuando volvió a la cocina llevaba un bollo de sábanas sucias bajo el brazo. Volvió a pasar por sobre encima de ella sin verla. Metió la ropa a lavar y dejó el lavarropas funcionando. Ya siendo casi la una del mediodía, se sirvió algo de comida de la heladera y prendió el noticiero en la tele de la cocina. Ella se preguntó si no le aburriría escuchar dos veces las mismas noticias, si no hacía una hora habían dicho lo mismo por la radio.
A esa hora, normalmente ella hubiera llegado del trabajo y encontrado a Elisa en medio de su almuerzo. En estas ocasiones se servía algo ella también y comían juntas, ambas mujeres frente al televisor. Pero otros días ella se quedaba a almorzar con sus compañeros, y en esos casos nunca llamaba para avisar. Después de todo, no tenía que rendirle cuentas a nadie: siempre dejaba el dinero para Elisa bajo el cenicero de cerámica de la mesita ratona, y llegada la hora de salida, la señora se cobraba sus horas, se iba y cerraba con su llave. Eso mismo haría hoy.
Después de comer, Elisa volvió a la cocina y sacó la ropa ya limpia del lavarropas. Colocó las sábanas en una palangana demasiado chica, y éstas salpicaron el piso, y también a ella. Le cayeron unas gotas sobre los pechos y la panza. Los pezones se le endurecieron al sentir frío. Después de colgar las sábanas, Elisa pasó el trapo de piso por la cocina, contorneando perfectamente las extremidades de la mujer acostada sobre él. Ni siquiera le rozó la melena negra desparramada sobre su pecho y sobre las baldosas, y ella no dijo nada.
Sabía que a esa hora la señora estaba terminando su trabajo. Vio cómo se calentaba agua para un té y se sacaba el delantal antes de tomarlo. El gato la seguía a todas partes, ahora lo tenía parado sobre su pierna derecha, seguramente esperando algo rico para comer. Elisa lo acarició una vez, y el gato caminó tras ella cuando salió de la cocina.
Ella desde el piso escuchó el ruido de la puerta que se cerraba, el gato que maullaba un par de veces por haberse quedado solo, y después se callaba. Ella parpadeó. Le ardían los ojos. Afuera, el sol seguía brillando, pero a esta hora ya no entraba por la ventana. Ella supo que en esa misma posición, con el brazo derecho bajo el cuerpo y el pelo desparramado sobre el pecho, vería las penumbras tomando posesión del techo de la cocina.

Mariana d. R.
Marzo-Abril 2008

viernes, marzo 07, 2008

Del fin del mundo, la escritura, las expectativas delirantes en las autoras adolescentes y los Lectores futuros de otras estrellas

Desde muy chica, cuando empecé a escribir cuentos de adolescente, imaginé la práctica de la escritura como la mayor proyección a futuro de la que podría ser capaz. Creía que escribiendo, aún cuando ya hiciera mucho tiempo que hubiera muerto, mi nombre seguiría llegando a oídos de algunas personas, así como tantos escritores que no son contemporáneos míos me han cambiado la vida.
Cuando tenía trece o catorce años, imaginaba que llegaría a ser famosa, primera mujer argentina Nobel, primer Nobel de literatura para un coterráneo. ¡Qué delirio! Después, la vida y la facultad me hicieron bajar las aspiraciones: me conformé con el Cervantes.
Hoy día, estoy abrumada por todos los cambios que está experimentando nuestro planeta, por todas las predicciones científicas -y no tanto- que no nos auguran más que unos pocos años de futuro. Y entonces me digo, si supiera que yo voy a morirme pronto, escribiría todo lo que tengo para dar. Pero si no soy yo, sino que es la humanidad en su conjunto la que va a extinguirse, ¿para qué hacerlo? Una cosa es ser recuerdo, otra cosa es desvanecerse si nadie queda para recordar nada...
Me sentía bastante sola en estas reflexiones cuando me topé con esta cita:
“A menudo me he preguntado: ¿escribiría todavía, hoy, si me dijeran que mañana una catástrofe cósmica destruirá el universo, de suerte que nadie podrá leer mañana lo que escribo hoy?
En primera instancia la respuesta es no. ¿Por qué escribir si nadie me podrá leer? En segunda instancia, la respuesta es sí, pero sólo porque abrigo la desesperada esperanza de que, en la catástrofe de las galaxias, pueda sobrevivir alguna estrella, y mañana alguien pueda descifrar mis signos. Entonces escribir, aun en la vigilia del Apocalipsis, tendría todavía sentido.
Se escribe sólo para un Lector. Los que dicen que escriben sólo para sí mismos no es que mientan. Es que son espantosamente ateos. Incluso desde un punto de vista rigurosamente laico.
Infelices y desesperados, los que no saben dirigirse a un Lector futuro.”
(Umberto Eco, “Cómo escribo”)
Entonces pensé que tenemos que seguir escribiendo, todos, porque pase lo que pase, no somos dueños de saber a quiénes puede llegar este mensaje, ni cómo ni cuándo. Desconocemos a nuestros lectores futuros, no sabemos si existirán o no, más allá de que el mundo siga girando.
A ver, profecías del fin del mundo ha habido siempre, y hasta ahora, que yo sepa no se ha cumplido ninguna. El hacernos creer que no hay ninguna esperanza es una de las principales armas de la sociedad actual para que todo nos siga importando tres carajos -con perdón de la expresión-. En realidad, no sabemos qué puede pasar. Y si no nos es dado saber el momento de nuestro fin, sea individual o colectivo, ¿por qué habremos de dictaminar el momento del final de nuestra escritura? Yo, por lo menos, no soy quién para hacerlo, aunque lo máximo que aspire a ganar hoy en día sean algunos premios de blogs amigos...
Y si, efectivamente, quedan pocos años antes de que la Tierra nos patee el culo por la destrucción a la que la venimos sometiendo, pues bien señores, yo por mi parte los pasaré escribiendo.

miércoles, diciembre 26, 2007

Resoluciones para el 2008

Termino el 2007 muy contenta. Ha sido para mí un año genial en muchos aspectos. Pero claro, siempre quedan algunas cosas por el camino y esta época del año se presta a que reflexionemos sobre aquello que nos gustaría cambiar. Entonces, como ya he visto en otros blogs, no he querido dejar de publicar mis propósitos para este año que comienza. Es un poco arriesgado hacerlo, ya que si no los cumplo, voy a quedar escrachada para el año que viene... pero bueh, hagamos la prueba!!!
Aclaración: NO incluyo como propósitos planes concretos que probablemente se cumplirán si sigo haciendo las cosas como hasta ahora (y si Dios quiere, básicamente...), como ser tener otro buen año en el jardín de infantes, terminar de cursar a fin de año, concretar la convivencia con mi novio o llegar a ser cinturón azul a fin de año.
A diferencia de los anteriores, en el caso de mis propósitos de fin de año se trata de cambios, que no se realizarán a menos que yo misma cambie y haga algo al respecto.

1- Involucrarme en alguna actividad universitaria fuera de la cursada: Ya sea adscribirme a una cátedra, iniciar por mi cuenta una investigación o participar en al menos un congreso, estando tan cerca de recibirme considero necesario participar más allá de las clases.
2- Mejorar el diálogo con mi familia: Hay algunas personas de mi entorno más cercano a las que quiero mucho pero con las cuales no tengo una relación constante y saludable como a mí me gustaría. Me propongo hacer mi parte para cambiar esto.
3- Tomarme las cosas con calma: Suelo alterarme frente a los imprevistos, cuando algo escapa a mi control o no sale como a mí me gustaría. Me cuesta mucho manejar mis frustraciones y creo que esto no me hace bien. Durante el próximo año, me propongo al menos empezar a cambiar esta forma de ser tan nociva.
4- Retomar la escritura de ficción: Hace años que no escribo un cuento. Ya sea porque el blog ha absorbido mis energías creativas, o bien porque la facultad no me deja con ganas ni tiempo, algo que otrora fuera tan importante para mí en este momento no tiene espacio en mi vida. Bueno, es hora de cambiar esto. Al menos quiero diez nuevos cuentos el año que viene (menos de uno por mes, no es mucho pedir).

En fin, el que quiera aprovechar para comentarme cuáles son sus deseos, sueños, expectativas o resoluciones para el año que está por comenzar es bienvenido.

lunes, diciembre 10, 2007

Interrogantes sobre la escritura

Hace poco un profesor al que respeto mucho visitó este blog, y me dijo algo que me dejó pensando, cito: "Veo que los blogs han constituido un espacio muy "humano" de intercambio... no estarán yendo a parar allí -para bien o para mal- nuestras vocaciones frustradas de escritor?".
Unos días después, por otro tema totalmente distinto, mi papá también me pregunta por qué es exactamente que decido exponerme en un blog. Por un lado, le contesté, no siento que esté exponiéndome. Ésta que escribe soy yo pero no soy yo, digo solamente lo que me doy permiso de decir. No expongo a mi persona, sólo comparto algunos pensamientos sueltos. Ok, repregunta él, y ¿por qué escribís en el blog entonces?

¿Por qué escribo? Me pregunté después yo. No siento que sea una "escritora frustrada". Lo cierto es que mi objetivo cuando abrí el blog fue sentarme a escribir más seguido, con la motivación de saber que era posible que alguien me leyera. Es dicho habitual en mi facultad que todo estudiante de Letras deja de escribir, y a mí me tocó vivirlo en carne propia. Para eso, para resucitar ese gesto, es que recurrí en su momento al blog, y éste creció mucho más de lo que hubiera imaginado.
Hoy en día, ese objetivo que una vez me propuse está cubierto... en parte. Por un lado, tengo cerca de 30 lectores de distintos países cada día, hacia los que me siento muy agradecida porque la motivación me funciona. Por otro lado, no escribo lo que alguna vez me había propuesto: cuentos, poesías. A lo sumo, alguna "filosofía casera" de vez en cuándo.
¿Somos los bloggers aspirantes a literatos? ¿Llega al "público" lo que uno escribe, o estamos condenados a leernos entre nosotros? ¿Se oculta detrás de este medio de comunicación una vocación frustrada por la escritura (la Escritura así con mayúsculas, la Escritura que aún lleva soporte papel, aunque no creo que por mucho tiempo)? ¿Cuál es el futuro de la blogósfera? ¿Se devorará a sí misma o seguirá creciendo hasta implosionar? ¿O acaso irán desvaneciéndose los blogs para que sólo un puñado de elegidos sobreviva?

Y ¿para quién escribimos un blog? ¿Para nosotros o para los otros? Supongo que todos nos responderemos de distinta forma estos y otros interrogantes...

martes, noviembre 27, 2007

Las ciudades escritas

Hace poquito terminé de leer esa bellísima obra de Italo Calvino, Las ciudades invisibles. A él vaya este plagio homenaje imitación que me inspiró a escribir la lectura de este libro.

Las ciudades y los muertos 6
A Maida -ciudad de tejados bajos y calles de piedra- se la distingue desde todos los puntos cardinales varias millas antes de aproximarse a sus puertas. La torre que corona la ciudad grita su presencia a los viajeros. Pero éstos, sabiamente, suelen optar por alejarse de su embrujo.
Los habitantes no recuerdan cuándo empezó el rito. Me he enterado de que todo intento de resistirse fue en vano. Para que el Gran Kan comprenda el temor del viajero, debe saber que, cada vez que en una noche de tormenta de un año bisiesto, nace en las familias de Maida una niña de ojos verdes, la regla dice que el día de su decimoséptimo cumpleaños deberá ser entregada a la torre. Para que sea, mientras su vida dure, una más de las guardianas de la ciudad.
Estas criaturas no presentan, a diferencia de lo que podría esperarse, ningún intento de huir de su destino. Por más que sus familias intenten ocultarlas o mentir su edad para, al menos, conservarlas unos años más a su lado, las jóvenes mismas parten hacia la torre el día indicado, atraídas por los gritos de sus compañeras. Nunca se las vuelve a ver en el mundo de los vivos.
Pero hay quienes dicen reconocer en el quejido nocturno de la torre la voz de su hermana menor, de su primogénita, de aquella novia de la adolescencia, de la vecinita que cortaba flores en el jardín de enfrente.

Las ciudades ocultas 6
Ligia es una ciudad de ciegos, diseñada por ciegos y habitada por ciegos. El viajero vidente necesariamente se sentirá extranjero en ella. Las casas parecen haber sido amontonadas por un niño gigante que hubiera estado jugando a los cubos con la ciudad. Hay puentes que cruzan sobre caminos perfectamente transitables, y escaleras que suben cuando hay que bajar. Los colores de los edificios no guardan entre ellos ninguna armonía: el malva del Palacio de Gobierno junto al ocre del Teatro Municipal, el verde trébol de la cárcel junto al carmesí del Mercado de Frutas. La fealdad de sus empedrados y el exceso de luces en las avenidas, todo parece herir los ojos de quienes la contemplen.
Felizmente, sus habitantes no pueden hacerlo. Y han construido por sobre su desagradable ciudad visual, una ciudad de sonidos. Porque la verdadera Ligia está hecha de trinos de pájaros, de violines que resuenan en el aire fresco de la tarde, del murmullo de una cascadita escondida tras los muros de cualquiera de sus construcciones, de la risa de un niño jugando con su padre. Las calles no se reconocen por su pésima señalización, sino por las cálidas voces de quienes habitan en ellas. Sus noches son el canto de un grillo en la distancia.
Sólo cerrando sus ojos puede el viajero apreciar la magnitud de Ligia en toda su gloria. Y es que esta ciudad no nació para ser ciudad: nació para ser canción.

Las ciudades imaginarias 1
A Belisaria se la define por lo que, como ciudad, no tiene. No tiene puentes de piedra que cruzan por canales de aguas cristalinas, ni tiene peatones que los transiten a paso lento, contemplando melancólicamente su propio reflejo. No tiene anchos boulevares surcados por sauces, ni parques con canteros de flores exóticas. No tiene edificios rematados por cúpulas góticas, ni catedrales, ni mausoleos. No tiene aroma a durazno, jazmín o canela. Sus calles no son recorridos por bellas damas en sus carruajes de ébano. No tiene el calor del trópico ni el frío polar, y no la cubren blancos mantos de nieve en invierno. Sus noches no son de una total negrura, ni tampoco están iluminadas por millones de estrellas. La luna de Belisaria es la misma luna que ha alumbrado al viajero en cualquier otro sitio. La ciudad no conserva entre sus muros una leyenda milenaria, ni tampoco su belleza ha sido cantada por más de un rapsoda.
Sin embargo, una vez que el viajero logra librarse de todas las imágenes preconcebidas que ha traído -a modo de equipaje- a esta ciudad, es recién entonces cuando puede comenzar a disfrutarla.

jueves, agosto 02, 2007

Ya saben lo que se dice del traduttore

... y por si no lo saben -quien no tenga un abuelito con ascendencia italiana- "Traduttore, tradittore!". Lo que significa que, cada vez que alguien traduce, necesariamente tiene que romper con las lenguas que está utilizando, ya que lo que se diga en una de ellas jamás será exactamente igual que lo que se pretende decir en la otra. La tarea del traductor (de la que nos hablara Walter Benjamin en cierto artículo que ningún estudiante de Letras que se precie habrá dejado de leer) nunca será calcar de una a otra lengua, sino intentar traducir lo más esencial del mensaje respetando lo propio y único de cada una de ellas.

Ahora, cuando al que hay que traducirse es a uno mismo, es doblemente complicado, porque nadie mejor que uno para saber qué quiso decir... ¡y aún así qué difícil nos resulta reproducirlo en una lengua ajena! Releo mis viejos artículos como si fueran los de otro, todo porque me propuse armar, nuevamente por motivos laborales, mi blog en inglés. Y realmente qué jodido que es tratar de decir lo mismo sin que sea lo mismo. Es como escribir los mismos artículos por primera vez, pero en esta oportunidad en una lengua que siento siempre como una camisa prestada -me la pruebo, me queda bien, pero no se amolda perfectamente a mí, no es propia ni nunca lo será, por más que la use una y otra vez-.

De cualquier manera, estoy disfrutando mucho de esta tarea de traducir(me), más que nada me resulta muy difícil imaginar hipotéticos lectores de lengua inglesa, y es más parecido a escribir ficción. Además, está a mitad de camino entre la incertidumbre creativa de la escritura libre, y el esfuerzo por la fidelidad de la traducción de un texto ajeno. Es decir, traduciendo mis propios textos, tengo permiso para reinventarme.

miércoles, junio 06, 2007

Un blog "formal"

Eso es lo que me propuse preparar hoy: un blog para que lea mi jefa y decida si le gusta o no mi estilo como para actualizar la web del jardín. Entonces agarré La Era... y le hice un recorte selectivo de mis notas más "serias", eliminé (o eso intenté) todo rasgo de ideología y opiniones políticas y además saqué todas las "informalidades". Ah, le cambié el color... para no aburrirme.
Quedó un embole. ¿Quieren verlo? Lo único que me gusta es el título que le puse.
Esto me lleva a plantearme preguntas como para quién escribo, qué quiero que se sepa de mí y qué oculto a la hora de ponerme a actualizar el blog. Sé que me leen el mismo puñado de amigos / familia / novio que me conoce mucho, y leen entre líneas como nadie, y leen también acerca de aquello que no escribo. También me leen un par de amigos de blog, que llegaron por casualidad. Pero definitivamente no tengo ninguna cara delante de mí al escribir. O sí, tengo todas. Pero no me importa. O sí.
Bueno, mejor escribir sin tanto plan. Que cuando quise hacer algo prolijito me quedó un pequeño embole.

jueves, marzo 08, 2007

Acerca del llamado "día internacional de la mujer"

Escribí la primera versión de este artículo hace siete años. Reconozco que tal vez mis opiniones actuales al respecto sean más moderadas que las de entonces, pero sigo de acuerdo con la idea general que tenía al escribirlo. En fin, traté de quitar las partes más cebadas y de actualizarme un poco -por ejemplo, hoy existen las revistas "para hombres"-. Si todavía quieren ver el artículo tal como lo escribí a los 18 añetes, está acá.
¿Se les ha ocurrido preguntarse alguna vez por qué es que existe este día internacional de la mujer? A mí sí, y las respuestas que se me vinieron a la cabeza me desilusionan.
Primero: Es un día en el cual se "celebra" el avance que ha tenido la mujer en los últimos cien años, la lucha por nuestros derechos y los logros alcanzados. A mí no me parece que sea algo que haya que celebrar, ya que esos derechos, que con mucho esfuerzo nos van siendo otorgados muy poco a poco, debieron ser nuestros desde un principio, y el hecho de que haya que reclamarlos significa que aún no se los considera en nuestra sociedad algo elemental. Está fuera de toda discusión que las mujeres y los hombres merecemos lo mismo: mismo sueldo por mismo trabajo, iguales condiciones de trato cotidiano, iguales responsabilidades frente a la paternidad, frente a las tareas domésticas y frente al manejo del dinero. Y no porque las mujeres pidamos estas cosas un día al año vamos a llegar a obtenerlas. Creo que es preciso un cambio de actitud: no hay que alegrarnos por tener los derechos que tenemos, sino indignarnos cuando éstos siguen sin ser suficientes. Está bien: el "Día" es necesario porque la lucha de las mujeres sigue en pie. Pero entonces debería ser un día para reflexionar, como el día de la lucha contra el SIDA, no una excusa para vender flores y regalitos.
Segundo: No hay un "dia internacional del hombre".¿Por qué? Sencillo, a ellos no hace falta reconocerles nada, ya lo tienen todo reconocido. A la mujer se la viene considerando desde siempre "la otra". Fue "la esposa de", "la madre de", "la hija de", "la empleada de". Ser mujer sigue siendo lo marcado en la nuestra y en la mayoría de las sociedades.
Con esto no pretendo pecar de feminista. No creo que las mujeres debamos "tomar revancha" por tantos siglos y milenios de opresión masculina. Considero que no somos iguales, sino muy diferentes, pero que valemos lo mismo como seres humanos, y por eso merecemos lo mismo. Por mi parte me duele y me repugnan los hombres (y también algunas mujeres, es verdad) que consideran al sexo femenino como "una porción aparte de la humanidad". Nosotras somos la humanidad, más de la mitad de ella. Ojalá llegue el día en el cual hombres y mujeres seamos un equipo perfecto, tanto en el trabajo, como en la amistad, como en la pareja. Ese día no se va a festejar más el "día internacional de la mujer", sino el "día del ser humano".

sábado, febrero 10, 2007

Preámbulo a las instrucciones para activar el celular

Piensa en esto: cuando te regalan un celular te regalan un pequeño infierno sonoro, unas esposas de silicio, un calabozo de ring tones. No te dan solamente el celular, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es el último modelo, con cámara digital, tecnología bluetooth y MP4 incorporados; no te regalan solamente ese menudo buchoncito que engancharás a tu cinturón y pasearás contigo. Te regalan –no lo saben, lo terrible es que no lo saben- un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que enganchar de tu cuerpo con su funda como un bracito desesperado colgándose de tus presillas. Te regalan la necesidad de cargarle la batería todas las semanas, la obligación de que esté encendido para que siga siendo un celular; te regalan la obsesión de atender a cada musiquita que suena en un colectivo, la obsesión por las promociones de tarjetas, el tenerlo siempre a mano para asegurarte de que lo escuches. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca tan pedorra como las otras, te regalan la tendencia a comparar tu celular con los otros celulares. No te regalan un celular, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del celular.


PD: Quiero pedir disculpas a dos personas. A papá, porque me hizo el regalo, que espero se dé cuenta de que las líneas de arriba las escribí con una sonrisa. Al maestro, por el absoluto y completamente descarado plagio, que espero hacer pasar como homenaje.

martes, julio 04, 2006

Poema de Elizabeth Bishop

Les dejo un poema que me fascinó, y aquí una traducción para los que no saben inglés.

One Art

The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.

---Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.
........

lunes, junio 12, 2006

Cambios en el español: ¿degradación o transformación?

Un poco de historia. Hacia el siglo XV, un grupo de humanistas –entre ellos, Lorenzo Valla– decidió “purificar” el latín, que había cambiado mucho desde su apogeo en la época de Augusto hasta la Baja Edad Media. Se decía que había que restaurar el latín clásico, que era intolerable que en las escuelas se lo hablase tan degradado (por ejemplo, de decir MIHI -a mí, para mí- se había pasado progresivamente a decir “michi”). ¿Resultado? Es a partir del Renacimiento cuando al latín debemos considerarlo una lengua muerta, esto fue lo que pasó: prohibiendo su natural transformación, volviéndolo rígido, el latín se fue transformando en algo arcaico y que difícilmente expresaba lo que el escritor quería decir. Poco a poco, las lenguas “vulgares” (entre ellas, el español) fueron ganando terreno y el latín lo fue perdiendo.
Muchos años después, en 1916, se publica el Curso de Lingüística General....

martes, mayo 16, 2006

¿Por qué un blog?


Mi primer cuento lo escribí a los siete años, no me acuerdo del título, pero sí sé que se trataba sobre un pez que vivía en una pecera y se sentía solo. Terminaba conociendo a una hermosa pececita (creo que lo había escrito así, literalmente). Extraño de esa época lo fácil que me fluían los argumentos, más allá de que no se destacaran particularmente por lo originales.

Ahora me encuentro frente a la pantalla de esta computadora ajena (ya que por el título ya saben desde dónde estoy escribiendo), y no sé para qué abrí este blog. Yo, que aprovecho cualquier silencio en la conversación para meter algún bocadillo... ¿me habré quedado justo ahora sin nada que decir?

Veremos.