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viernes, febrero 08, 2008

Y a este lado del ring...

El otro día tuve una interesante discusión por correspondencia con mi abuelo, con quien a menudo debato largamente. No siempre pensamos igual (como fue este caso) pero a los dos nos interesa escuchar el punto de vista del otro y creo que nuestras conversaciones terminan siendo fructíferas.
La última discusión se desencadenó a raíz de que yo le había expresado mi admiración por Steven Pinker, uno de los autores responsables por mi interés en la psicolingüística. Mi abuelo, hombre de lo más religioso, encontró una cita en un libro de él que le causó resquemor, y ahí empezó todo. Pinker toma el siguiente punto de partida en su libro Cómo funciona la mente: "quisiera poder convencer al lector de que la mente no está animada por un éter divino o un único y maravilloso principio." (pág. 19) De ahí en más, mi abuelo se puso a atacar a este autor, para quien las personas no somos más que "animalitos evolucionados" y que cómo puede ser que se ignore que el ser humano es en esencia espiritual.
Mientras elaboraba mi respuesta me di cuenta de que nuevamente, en nosotros se sintetizaba el viejo debate de ciencia vs. religión. ¿Cómo defender a la ciencia -pensé- sin que mi abuelo interprete que estoy atacando a la religión, mucho menos a su religión? Bueno, si bien lo estoy resumiendo un poco, me quedó algo así:
Todo el asunto sobre si hay o no un "éter divino", creo yo, hoy está fuera de discusión en cualquier ámbito científico. Quiero decir, no es que la comunidad científica en su conjunto sea atea (al menos, sus integrantes en su vida personal) pero sí que Dios está fuera de la cuestión si de hacer ciencia se trata: puede ser que exista como puede ser que no -esto no lo digo yo, Mariana, que efectivamente sí creo que existe- pero más allá de eso, hay que resolver las preguntas basándonos en lo que conocemos de física, química, biología, etc. Si no, todo sería muy fácil: preguntale a los científicos medievales por qué las flores tienen diferentes colores y te responderían algo como "expresan la belleza de la creación divina" (no es una cita erudita ni mucho menos, estoy suponiendo), y esto, sin que necesariamente sea falso, no explica la cuestión.
Creo que Pinker, en cuanto neurofisiólogo, busca explicar el por qué de nuestros actos mentales en sí, sin meterse en una cuestión moral sino puramente centífica. Te imaginarás que si el punto de partida fuera diferente del que toma Pinker, "tenemos lenguaje porque Dios nos lo puso ahí, en la mente-cerebro, espíritu, etc" el libro, y la ciencia, se terminan ahí. No te niego que sería más cómodo, pero evidentemente la curiosidad del hombre, la necesidad de conocer más que vos muy bien mencionás, no se agota ahí.
En cuanto a si el hombre tiene espíritu o si es solamente un conjunto de moléculas, creo que una cosa no tendría por qué quitar la otra. Sí somos un conjunto de moléculas y muchas de nuestras conductas son reguladas por una corriente de neurotransmisores y hormonas, etc. Pero, por no ser máquinas, por ser algo más que un manojo de nervios y tripas, es que podemos tomar decisiones, podemos ser solidarios y hasta altruistas en algunos casos, podemos refrenar ciertos impulsos y desarrollar otros que ellas no tienen (el arte, por ejemplo)-. El ejemplo que vos me ponés de "individuos que se comportan como reales animalitos depravados (polítiqueros ladrones, narcos, violadores, secuestradores, boqueteros, piqueteros, automovilistas salvajes, explotadores de gente, comerciantes piolas, bobos consumistas, etc., etc., etc.)." es el mejor ejemplo de que hacerle caso a lo moralmente correcto (obedecer al espíritu por sobre los impulsos animales) es una mera cuestión de elección.
Nuevamente te recuerdo que no estoy debatiendo la existencia de Dios (discusión que, por otro lado, desde el momento en que somos personas de fe no debería alarmarnos), sino la postura que un científico debe tomar al respecto.
No creo que nunca haya un acuerdo al respecto. Yo misma a veces siento que es imposible continuar aferrándose a la fe, a cualquier fe, una vez que uno se sienta a estudiar una ciencia cualquiera. Y sin embargo, sin embargo, fue mi mismo abuelo quien me enseñó el valor que tiene la fe en la vida de una persona. Una vez le dije "Pero abuelo, vos que crees tanto, ¿qué va a pasar si el día en que te mueras resulta que no hay Dios?". A lo que él me respondió con una sonrisa "En ese caso, jamás me voy a enterar. Nunca voy a llegar a arrepentirme de haber creído en Él".