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domingo, agosto 31, 2008

Un gigante me espera: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Para enseñar el Quijote, tengo que primero aprender algo acerca del Quijote. El -para mi gusto, demasiado- libre sistema de correlatividades de la facultad me ha permitido estar a una materia de recibirme sin haber cursado Literatura Española del Siglo de Oro. Claro que, por mi natural hábito de lectura, en algún momento leí completa ésta, la primera novela moderna, la obra maestra de la literatura española. Pero bueno, fue hace mucho, y siento que no hay demasiado que esté en condiciones de decir sobre este libro.
Así que, habiéndome sido asignadas como tema de mis prácticas, me sumergí en las páginas cervantinas y recogí todo lo que pude de ellas. Nadé en un mar de bibliografía y salí empapada de teorías. Recorrí la web y luche contra la Wikipedia como si de un molino de viento se tratara.
Después de haber pasado noches en vela leyendo tantos libros sobre crítica literaria, de repente yo también me creí una crítica calificada, y salí a la academia para deshacer agravios, enderezar tuertos, enmendar sinrazones, mejorar abusos y satisfacer deudas. Por suerte, mi profe de didáctica funcionó como mi cura y mi barbero, me quemó los libros y me dijo que le deje de dar vueltas por todos lados al Quijote, y que entre al texto. Así que, por una vez, me dediqué a leerlo y disfrutarlo.
Después de tantos días, me siento capacitada para decir algo, no mucho, sobre este libro genial. Ahora, espero que los chicos me escuchen. Espero que ellos también sientan una pizca del asombro y del entusiasmo que me generó a mí el Quijote.

martes, noviembre 27, 2007

Las ciudades escritas

Hace poquito terminé de leer esa bellísima obra de Italo Calvino, Las ciudades invisibles. A él vaya este plagio homenaje imitación que me inspiró a escribir la lectura de este libro.

Las ciudades y los muertos 6
A Maida -ciudad de tejados bajos y calles de piedra- se la distingue desde todos los puntos cardinales varias millas antes de aproximarse a sus puertas. La torre que corona la ciudad grita su presencia a los viajeros. Pero éstos, sabiamente, suelen optar por alejarse de su embrujo.
Los habitantes no recuerdan cuándo empezó el rito. Me he enterado de que todo intento de resistirse fue en vano. Para que el Gran Kan comprenda el temor del viajero, debe saber que, cada vez que en una noche de tormenta de un año bisiesto, nace en las familias de Maida una niña de ojos verdes, la regla dice que el día de su decimoséptimo cumpleaños deberá ser entregada a la torre. Para que sea, mientras su vida dure, una más de las guardianas de la ciudad.
Estas criaturas no presentan, a diferencia de lo que podría esperarse, ningún intento de huir de su destino. Por más que sus familias intenten ocultarlas o mentir su edad para, al menos, conservarlas unos años más a su lado, las jóvenes mismas parten hacia la torre el día indicado, atraídas por los gritos de sus compañeras. Nunca se las vuelve a ver en el mundo de los vivos.
Pero hay quienes dicen reconocer en el quejido nocturno de la torre la voz de su hermana menor, de su primogénita, de aquella novia de la adolescencia, de la vecinita que cortaba flores en el jardín de enfrente.

Las ciudades ocultas 6
Ligia es una ciudad de ciegos, diseñada por ciegos y habitada por ciegos. El viajero vidente necesariamente se sentirá extranjero en ella. Las casas parecen haber sido amontonadas por un niño gigante que hubiera estado jugando a los cubos con la ciudad. Hay puentes que cruzan sobre caminos perfectamente transitables, y escaleras que suben cuando hay que bajar. Los colores de los edificios no guardan entre ellos ninguna armonía: el malva del Palacio de Gobierno junto al ocre del Teatro Municipal, el verde trébol de la cárcel junto al carmesí del Mercado de Frutas. La fealdad de sus empedrados y el exceso de luces en las avenidas, todo parece herir los ojos de quienes la contemplen.
Felizmente, sus habitantes no pueden hacerlo. Y han construido por sobre su desagradable ciudad visual, una ciudad de sonidos. Porque la verdadera Ligia está hecha de trinos de pájaros, de violines que resuenan en el aire fresco de la tarde, del murmullo de una cascadita escondida tras los muros de cualquiera de sus construcciones, de la risa de un niño jugando con su padre. Las calles no se reconocen por su pésima señalización, sino por las cálidas voces de quienes habitan en ellas. Sus noches son el canto de un grillo en la distancia.
Sólo cerrando sus ojos puede el viajero apreciar la magnitud de Ligia en toda su gloria. Y es que esta ciudad no nació para ser ciudad: nació para ser canción.

Las ciudades imaginarias 1
A Belisaria se la define por lo que, como ciudad, no tiene. No tiene puentes de piedra que cruzan por canales de aguas cristalinas, ni tiene peatones que los transiten a paso lento, contemplando melancólicamente su propio reflejo. No tiene anchos boulevares surcados por sauces, ni parques con canteros de flores exóticas. No tiene edificios rematados por cúpulas góticas, ni catedrales, ni mausoleos. No tiene aroma a durazno, jazmín o canela. Sus calles no son recorridos por bellas damas en sus carruajes de ébano. No tiene el calor del trópico ni el frío polar, y no la cubren blancos mantos de nieve en invierno. Sus noches no son de una total negrura, ni tampoco están iluminadas por millones de estrellas. La luna de Belisaria es la misma luna que ha alumbrado al viajero en cualquier otro sitio. La ciudad no conserva entre sus muros una leyenda milenaria, ni tampoco su belleza ha sido cantada por más de un rapsoda.
Sin embargo, una vez que el viajero logra librarse de todas las imágenes preconcebidas que ha traído -a modo de equipaje- a esta ciudad, es recién entonces cuando puede comenzar a disfrutarla.

sábado, octubre 13, 2007

Otros libros que también me cambiaron la vida

Bueno, ¡se va la tercera! Qué quieren, me encantan los libros...

El nombre de la Rosa: Vi la película a los catorce años, estudiando historia medieval en el secundario. El libro llegó a mis manos unos pocos años más tarde. Me fascinó la construcción laberíntica de la biblioteca, la historia de amor entre Adso y la campesina, y sobre todo, la relación entre maestro y discípulo, vínculo que reconozco como uno de los más fructíferos para una persona. He tenido mis Maestros -con mayúscula-, aunque no estoy segura de que ellos lo hayan sabido.

El fin de la Eternidad: No deja de ser una novelita bastante pasatista de ciencia ficción, pero está magistralmente pensada. Mi papá siempre dice que Isaac Asimov debió dedicarse a inventar argumentos y dejar que otros los escribieran por él, pero en fin. Elijo este libro porque me pareció alucinante la manera en la que termina: ¡la única novela futurista que podemos asegurar se cumplió! Los viajes en el tiempo me vienen fascinando desde que a los ocho años mi mamá me alquiló "Volver al futuro".

The New York Trilogy: Esta novela (o novelas) de Paul Auster la leí a los 18 años. Recuerdo haber sentido mientras recorría sus páginas "así es como me gustaría poder escribir, exactamente así". Por eso, no puedo dejar de reconocerlo como una influencia.

En búsqueda del tiempo perdido: Pasa con los clásicos que no siempre estamos preparados para abordarlos. Recuerdo haber leído -con bastante padecimiento- el primer tomo de la monumental obra proustiana cuando tenía 17 años. La dejé a un lado con un "este bodrio no es para mí". Para la facultad, la retomé a los veinte, y fue como un amor a segunda vista. De repente tomé consciencia de cómo debería haber cambiado yo misma si, leyendo las mismas páginas, podía sentir cosas tan diferentes. Me llevó sus buenos cinco años, pero completé la lectura de los siete tomos.

Paura alla Scala: Dino Buzzati, no demasiado conocido en mi país ni en mi facultad, me parece un escritor genial. Es seguidor declarado de Kafka y tiene una novela increíble que se llama Il deserto dei Tartari que fue elogiada por el propio Borges. Pero elijo este libro de cuentos porque fue el primero que pude leer en su original italiano. Increíble el cuento breve "Una goccia".

El segundo sexo: Reconozco que leo demasiada ficción para mi gusto. Hay pocos libros de "ensayo" que llenen mis espectativas. Pero éste de Simone de Beauvoir cambió mi manera de pensar unas cuantas cosas -más allá de que en muchos aspectos su resentimiento feminista me parezca algo anticuado y no esté de acuerdo con todo su punto de vista-.

El ruido y la furia: A Faulkner me costó llegar. Leí algunos libros por curiosidad, otros más en la cursada de Literatura Norteamericana, y finalmente terminé participando en un congreso -hasta ahora, el único donde expuse- con un trabajo mío sobre sus personajes femeninos. A ésta, su obra maestra (por lo menos eso creo), llegué más tarde. Tan sólo por el primer capítulo y su increíble trabajo con el punto de vista, merece figurar en esta humilde listita.

Las políticas lingüísticas: Este libro del lingüista francés J. Calvet lo leí en el marco de mi cursada de la materia "Sociología del Lenguaje". Promediaba el año 2005. Yo hasta ese entonces estaba siguiendo -vagamente- la orientación en Literaturas Extranjeras. Pero, con el libro de Calvet entre otros (y las clases apasionantes de Roberto Bein) decidí que, para bien o para mal, me dedicaría a la lingüística. Y aquí estoy.

domingo, julio 22, 2007

MÁS LIBROS que me cambiaron la vida

Mi amigo Luis aprovechó, con propósito de mi lista de libros, para recordarme un título que yo alguna vez le recomendé como significativo para mí, y que omití mencionar. De hecho, fue a propósito. Soy estudiante de Letras. Amo leer. Son muchísimos los libros que siento que, de alguno u otro modo, me han marcado. Aprovecho para mencionar algunos más:

La Historia Interminable: Vi la película siendo muy chiquita (tendría seis años), y un par de años después, tuve la sorpresa de encontrar la novela de Michael Ende entre los volúmenes de la pequeña biblioteca de mi escuela. Lo saqué una y otra vez, hasta que, todavía unos años más tarde, cayó en mis manos regalo de mi abuela.

El guardián en el centeno: Esta novela la leí en la escuela secundaria, con mi profesor Maxi, una de las persnas a quienes atribuyo haber decidido estudiar esta carrera. El libro de Salinger es genial, pero tal vez le guardo más cariño al momento en que lo leí que a la novela en sí. No importa. Vale la pena.

La Caverna: Fue la primera novela que leí de José Saramago, un escritor que me gustó mucho. Si bien últimamente siento que se repite mucho a sí mismo, disfruté mucho leyendo Todos los nombres, Ensayo sobre la ceguera, El año de la muerte de Ricardo Reis y El evangelio según Jesucristo. Sin embargo, esta primera obra que leí fue muy importante para mí porque me dio esperanzas en un momento muy duro, sobe todo en relación a mi tabajo y la sensación de no tener salida... no cuento más porque termino revelando todo.

El Proceso: Otro libro de atrapante angustia, con su clima pesadillezco y su ambientación opresiva, cargada de burocracia, pasillos, puertas que no dan a ningún lado... no puedo dejar de mencionar que -en mi cumpleaños número 20- me lo regaló Nico, un amigo mío que también es muy lector.

La Divina Comedia: En una hermosa edición bilingüe (traducida por Batistessa), pude disfrutar de la obra maestra de Dante durante todo un verano, en 2003, leyendo un canto por noche (así lo hacía el protagonista de un cuento de Borges). Me dio mucha satisfacción poder hacerlo en italiano, para escuchar la musicalidad de los versos, antes de leer la traducción para terminar de comprenderlo. Sentí que los años de clases en la Asociación Dante Alighieri valieron totalmente la pena.

Pedro Páramo: Creo que es una de las mejores novelas que ha arrojado Latinoamérica. Rulfo demuestra que no hace falta ser un escritor prolífico para pasar a la historia. Su otro único libro, El llano en llamas, también es genial, pero me quedo con la desesperación del pueblito de Comala y su murmullo de muertos que nos cuentan una historia.

Escrito en el cuerpo: La belleza, el dolor, el amor, la sexualidad, resaltados por la pluma de Jeanette Winterson. Este libro me inspiró a mí para escribir otras cosas, me dio ganas de saber pintar o fotografiar para poder llevar a imágenes las palabras... me conmovió y me atrapó incluso más la segunda vez que lo leí. Decididamente, entra en mi lista.

sábado, julio 14, 2007

LIBROS que me cambiaron la vida

El Señor de los Anillos: Mi papá me lo trajo de regalo cuando yo tenía diez años. Me atrapó, me fascinó, me tuvo un año ocupada leyéndolo, imaginando las aventuras de la Comunidad a lo largo y a lo ancho de la Tierra Media. Además, era una forma de tener a mi viejo presente, aún cuando viviera tan lejos. Lo he releído muchas veces, y en la época en que salió la película, la esperaba con ansias.

Crónicas marcianas: El primer "libro para grandes" que leí de chica. Tenía once años. Me acuerdo de quedarme temblando aterrada ante algunas páginas, como las del capítulo "la tercera expedición" (no me lo olvido más).

Las Mil y una Noches: Fue un regalo que recibí para mi cumpleaños de quince. Me introdujo por primera vez a una cultura muy diferente de la mía, además de a la belleza y el misterio del erotismo, que en esa época sólo era para mí algo que existía en las páginas de los libros.

Rayuela: Lo leí a los dieciocho años, me conmovió y me deslumbró. La literatura vista como un juego, sacada del acartonamiento al que la escuela nos acostumbra. Además, me dejó con ganas de escribir. En aquellos años comenzaba a usar Internet. Durante mucho tiempo, mi seudónimo fue La Maga (algunos amigos todavía me dicen "maguita" cariñosamente).

1984: Angustiante, opresivo, deprimente... y muy real, demasiado real para nuestro propio bien. Encima, lo leí en una época de mucho bajón, de mucho alienamiento con el trabajo. Me marcó.

Libro del desasosiego: Pessoa fue el primer poeta que me cautivó. Lo leí en un momento en el cual me sentí muy identificada con su desesperanza y el sinsentido de todo. Hoy en día, si bien ya no me refleja, recorro sus páginas como volviendo a visitar un lugar en el que viví hace mucho.

Las venas abiertas de América Latina: Lo leí hace un par de años, mientras cursaba "Problemas de Literatura Latinoamericana" en la facu. Me hizo abrir la cabeza y cobrar conciencia de muchas cosas, además de fomentar mi sentimiento de hermandad para con el pueblo de nuestro sufrido continente. Desde que me acuerdo, siempre me sentí argentina, pero desde que leí a Galeano, me siento latinoamericana.

Se una notte d'inverno un viaggiatore... : Con este homenaje a la literatura de Italo Calvino, me pasó un hecho muy extraño. A la vez, me enamoré de su manera de narrar sus ganas de narrar. Cómo cada libro que uno lee excluye otra posibilidad que es su completo opuesto... me hace pensar en lo que una vez escuché decir a un profesor: nuestra vida se puede medir en libros, es decir ¿cuántos libros podés llegar a leer en setenta años? ¿Uno por semana? Entonces, ¿3500 libros? ¿Y cuántos entonces tendremos que dejar de leer por falta de tiempo? Mejor hacer buenas elecciones.

miércoles, mayo 02, 2007

Feria del Libro en Buenos Aires

Como todos los años (desde que tengo 10), visité la Feria del Libro de Buenos Aires. La verdad es que ya a esta altura lo hago más por costumbre que por otra cosa, hoy ni siquiera me compré nada. Había simplemente demasiados títulos, no que no me interesara ninguno, pero me parece que me saturé. Llegó un punto en que sólo veía las tapas borrosas de distintos colores y no leía nada (ya sé, tendría que consultar a un oculista, cada día veo peor, en fin).
La organización, bastante mala. ¿Para qué tenemos que comernos quince minutos de cola -miércoles al mediodía, ni quiero imaginarme un sábado- si con la libreta universitaria entrás gratis? Ni siquiera me la pidieron para corroborar que fuera mía. El lugar, lindo, como siempre. Mucha, mucha gente, a esa hora sobre todo chicos de distintos colegios. Pero había pasillos amplios y stands bien iluminados. En esta oportunidad no me llamaron la atención los eventos propuestos, más bien me sentía como recorriendo un inmenso shopping de libros (qué otra cosa es la Feria, de todos modos). De todas maneras, algo que me llamó la atención es que la mayoría de la gente compraba poco y nada.
¿Y yo? Tampoco. Claro que vi cosas que me sentí tentada a comprar, pero los libros están cada vez más caros, vi pocas ofertas y tampoco es que me moría por conseguir ninguno, tengo una buena pilita por leer en un estante, y mis parciales empiezan en diez días. Así que este año fui simplemente a chusmear, salí con las manos vacías y me volví a casa. De todas maneras no me puedo quejar: pude pasar un buen rato.