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viernes, septiembre 26, 2008

Algunas novedades

- ¡Fiona está mejor!!! Estuvo toda la semana con antibióticos, pero ahora que ya hace varios días que los terminó y no recayó, tengo la seguridad de que ya está bien. La verdad que me asusté mucho: nunca la había visto tan mal. Pero ahora por lo menos ya es una gata más curtida.
- Avanzo con las prácticas. Hoy tendría que haber dado la última clase y recién voy por la mitad. Pero lo importante es que sigo en carrera. Los chicos del curso que me tocó son copados, hacen aportes interesantes y me estoy sintiendo bastante cómoda con las clases.
- A full preparando la mudanza. Faltan quince días y estamos haciendo de todo: que comprar la funda para el sillón, que instalar las rejas, que hacer los arreglos de electricidad, las nuevas luces, la mesita de la compu, las alacenas de la cocina... y se siguen sumando cosas. Pero lo más importante es el paso enorme que estamos por dar.
- A todo esto, hay que sumarle parciales, trabajos prácticos y la movida habitual del cuatrimestre (que, por suerte, es el último). Además, estoy con mucho trabajo de mis otros blogs (rentados).
Pero acá estoy, no me olvido de este espacio que sigue siendo muy importante para mí. Y que me ha acompañado en momentos trascendentes, como los que me toca vivir por estos días.

domingo, agosto 31, 2008

Un gigante me espera: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Para enseñar el Quijote, tengo que primero aprender algo acerca del Quijote. El -para mi gusto, demasiado- libre sistema de correlatividades de la facultad me ha permitido estar a una materia de recibirme sin haber cursado Literatura Española del Siglo de Oro. Claro que, por mi natural hábito de lectura, en algún momento leí completa ésta, la primera novela moderna, la obra maestra de la literatura española. Pero bueno, fue hace mucho, y siento que no hay demasiado que esté en condiciones de decir sobre este libro.
Así que, habiéndome sido asignadas como tema de mis prácticas, me sumergí en las páginas cervantinas y recogí todo lo que pude de ellas. Nadé en un mar de bibliografía y salí empapada de teorías. Recorrí la web y luche contra la Wikipedia como si de un molino de viento se tratara.
Después de haber pasado noches en vela leyendo tantos libros sobre crítica literaria, de repente yo también me creí una crítica calificada, y salí a la academia para deshacer agravios, enderezar tuertos, enmendar sinrazones, mejorar abusos y satisfacer deudas. Por suerte, mi profe de didáctica funcionó como mi cura y mi barbero, me quemó los libros y me dijo que le deje de dar vueltas por todos lados al Quijote, y que entre al texto. Así que, por una vez, me dediqué a leerlo y disfrutarlo.
Después de tantos días, me siento capacitada para decir algo, no mucho, sobre este libro genial. Ahora, espero que los chicos me escuchen. Espero que ellos también sientan una pizca del asombro y del entusiasmo que me generó a mí el Quijote.

viernes, agosto 15, 2008

Preguntas de practicante

Transitando lo que si todo sale bien será el último cuatrimestre de una larga carrera universitaria, se me vienen muchas cosas a la cabeza. Algunos recuerdos nostálgicos de lo mucho que viví acá. Muchas expectativas para el futuro -aunque no sé cuáles con exactitud. Y un manojo surtido de miedos.
Por ejemplo, ahora nomás me toca enfrentarme con las dos o tres semanas de práctica de la enseñanza. ¿Qué voy a hacer frente a una manada de adolescentes en su hábitat, yo, una forastera? ¿Cómo confrontarlos? ¿Cómo hacer para que no me rompan la jeta de un botellazo, no me incendien el pelo y me filmen y lo suban a Youtube? En un tono un poquitín menos apocalíptico, ¿Cómo llegarles? ¿Cómo evitar que se duerman durante todas mis clases? ¿Servirá de algo esta práctica? ¿Llegaré a ejercer la docencia -en secundario- algún día? ¿Aprenderé de mis errores o a los pibes no les quedará más remedio que soportarme hasta egresar?
Mientras tanto, vengo retrasando el momento de comenzar con la preparación de las clases y todo eso. Un poco son mis miedos. Y otro poco es la extraña sensación de que sí, de que realmente se termina, de que es una etapa a la cual sólo le queda cerrarse.

lunes, abril 14, 2008

A menudo los hijos se nos parecen...

... así nos dan la primera satisfacción, canta Serrat. Me estoy dando cuenta, después de unos años de trabajar en el jardín, que los chicos -esos que a veces nos deleitan con sus comentarios ingeniosos o tiernos- no copian de los padres tan sólo gestos inocentes como la manera de comer una manzana, o el gusto por el automovilismo. No: los padres transmiten a los hijos su ideología, buena o mala, según quién la mire. Y entonces los chicos hacen muchas veces comentarios que, desde su ingenuidad, mandan al frente mal a sus progenitores. Veamos:

- The racing car goes fast, fast, fast! -digo yo, señalando un autito de carrera en la ilustración de un cuento.
- Una vez mi papá iba rápido con el auto -acota una nena- se acercó un policía, mi papá le dio plata y después le preguntó "¿Dónde está mi cambio?" (risas de toda la clase). Y yo:
- ...

Con el conflicto por el campo, quedó claro que mis alumnitos son claramente hijos de la oligarquía terrateniente que tan mal le cae a D'Elía. Los comentarios de "¿Vos con quién estás, con el gobierno o con el campo?" "Con el campo, ¡obvio!, el gobierno nos quiere robar toda la comida, todo el maíz, toda la carne...", "Me duelen las manos de tanto golpear la cacerola anoche", "Miss Mariana, ¿vos fuiste al cacerolazo? Yo sí."

Yendo un poco más atrás, me acuerdo de cuando hubo elecciones el año pasado: "Ganó una señora que tiene cara de bruja", "Dice mi mamá que Cristina es mala, mala, y que va a arruinar el país", "Sí, nos va a robar todo". También extendieron la discusión a nivel ciudad: "Yo voto a Macri" (sic), "Sí, Macri es el mejor y además es de Bocaaaa!!!!".
¿Y yo? Callo. No me corresponde opinar, meterles a los inocentes niños ideas zurditas en la cabeza y tener quilombo con los padres o con las autoridades de la escuela. Pero más de una vez me tengo que morder la lengua. No es la primera vez, por cierto.

Nota al pie: Me pregunto cómo seré cuando tenga mis propios hijos, la cantidad de cosas que -sin darme cuenta- les meteré en la cabeza (para bien o para mal) y la cantidad de macanas que me mandaré con ellos. Ser maestra no te sirve para planificar mejor la propia maternidad, sí acaso para intuir muchas de sus futuras dificultades y problemas. De hecho, desde que trabajo en las salas, he postergado al menos un lustro mi decisión de tener hijos. ¡Cada vez me siento menos preparada para semejante empresa!

miércoles, marzo 19, 2008

Los Maestros

A lo largo de nuestra vida, hay diferentes vínculos que nos van marcando. Algunos nos sacan adelante, algunos nos tiran abajo y nos lastiman. Unos pocos duran toda una vida. Hay algunos con los que se comparten intereses pasajeros y luego se diluyen. Y hay otros que nos acompañan un tiempo, pero dejan en nosotros huellas muy marcadas. Hoy quiero hablar de ellos, los Maestros.
No me refiero a la maestra de la escuela primaria, al menos seguro que no a todas, sino a aquellas personas que -sea en un ámbito estrictamente educativo, o no- nos han enseñado cosas valiosas y que aún muchos años después podemos reconocer como guías. Con suerte, cada uno de nosotros puede recordar alguno. Hoy quiero homenajear a los míos.
  • Mi primera Maestra, así con mayúscula, fue mi mamá, quien me transmitió su amor por las palabras, los cuentos, la poesía y la música. Creo que hoy no sería la persona que soy si no me hubiera inculcado tantos intereses y fomentado mi curiosidad natural (además de gestarme, alimentarme y criarme, claro).
  • Claudio Sanseverino era mi maestro de música en la escuela primaria. Con él hice dos años de coro, en los que yo -con sólo diez años- iba a la escuela hasta los sábados para poder ensayar con mis compañeros. Desde entonces, amo cantar. Y quién sabe si sus clases de técnica vocal no me salvaron de perder la voz ahora que trabajo yo como docente.
  • Maximiliano González Jewkes, fue mi profesor de literatura del secundario. De él yo estaba profundamente enamorada, infatuada, deslumbrada por su voz de locutor y sus conocimientos sobre literatura y cine. Una vez, cuando yo estaba en tercer año, le dijo a mi vieja en una reunión de padres: “Mariana va derecho para Letras”. Y en quinto ya decididamente la tenía como mi carrera a seguir.
  • Y el último Maestro que, hasta ahora, he tenido, es Martín Cabrera, mi sabum, mi instructor de Taekwon Do, quien me enseñó a creer en mí misma, a valorar mis esfuerzos sobre todo por lo mucho que me cuesta superarme día a día, a que soy capaz de llegar alto y que los límites son solamente algo que hay que romper.
Creo que a algunos de ellos nunca llegué a hacérselos saber, pero supongo que lo habrán intuído. Por todo lo que me han ido enseñando, me siento muy agradecida, así que a ellos va dedicado este post, mi homenaje.

sábado, octubre 27, 2007

Racimo de anécdotas de cosecha reciente

Trabajar a diario con quince chicos de entre cinco y seis años de edad es garantía para no aburrirse nunca. Es increíble escucharlos hablar y observar las diferentes concepciones que tienen de ellos mismos, del mundo y de la vida adulta. He aquí un puñadito de historias mínimas que me tocó escuchar este año en la sala.

Cine-crítica
- ¿Viste que las películas siempre terminan igual? Los malos se vuelven buenos...
- Sí, y los buenos siempre ganan.
Diálogo entre Sofía e Inés, me impresionó cómo en el tono de voz de las nenas (irreproducible por este medio) se transluce ese despertar de conciencia de "sí, así es en las películas, pero la vida, ¿será igual?". No quise intervenir. Tienen muchos años por delante para sacar sus propias conclusiones.

At His service
- Who works in the hospital? (¿quién trabaja en el hospital?) le pregunto a mi clase, viendo los nombres de los distintos lugares y trabajos.
- The doctor!!! -responden, entusiasmados.
- Very good! And who works in the supermarket?
- The cashier!!!
- Excellent! And who works in the church (la iglesia)?
- ... ¿Dios?

Desorientación espacio-temporal
- Cuando existían los dinosaurios... -plantea Camila- ¿cómo hacían para no chocarse con los autos?

Que no me digan que no existe el edipo...
Estoy explicándole a la clase una actividad que vamos a realizar en el cuadernillo. Valentino me interrumpe de repente:
- Miss Mariana, ¿sabés quién es mi novia?
- No, who is she, Valen?
- ¡Mi mamá! -responde con una sonrisa.

Un spanglish de lujo. Fíjense cómo debo haberles insistido con los verbos irregulares:
- What did you bring for desert?, le pregunto a Sofía mientras come.
(Sofi, con la boca llena, señala una manzana que tiene en su tupperware)
- Oh, so you brought an apple...
Desde otra mesa, salta Nacho entusiasmado.
- Sí, yo también la brought.

Si no la gana...
Mati viendo comer a Inés unos bocadillos de espinaca medio quemados:
- Qué asco esa carne que estás comiendo, Inés.
Ella, furiosa:
- ¡No es carne, es espinaca!
- Bueno, eso, es carne de espinaca...

Blog Action Day
- Miss Mariana! -me llama Juanita, ofendidísima- Tomás mató un mosquito. ¡Y YO NO QUIERO QUE MATEN MOSQUITOS! ¡AMO LA NATURALEZA!

jueves, mayo 31, 2007

¿Vale la pena?

Como muchos de ustedes deben saber, tengo dos trabajos como docente de inglés. El de la mañana es mi principal ingreso, un empleo estable (al menos todo lo estable que se puede esperar en el contexto de precarización laboral en el que vivimos), con buenas condiciones de trabajo, buenas compañeras y un sueldo que me permite solventar mis gastos básicos mes a mes. El segundo son unas cuantas horitas en un instituto de Once, por la tarde. Con la plata que saco de ahí, cubro gastos inesperados y me permito darme algunos gustos.

Lo cierto es que cada vez detesto más este segundo trabajo. El horario es pésimo, porque me corta la tarde (cuatro tardes por semana, a veces por dar sólo una hora de clase, que podría dedicar a la facultad). Hoy me peleé con una de mis empleadoras (vieja antipática si las hay), o sea que de clima cordial de trabajo mejor no hablemos. Estoy en negro, es más, me obligan a presentar facturas que ni siquiera son mías. Pagan muy poco. Para colmo de males, las condiciones de trabajo son pésimas: para dar inglés, no tengo reproductores de CD, sino viejos grabadores que se descomponen a cada rato y cassettes que han sido regrabados una y otra y otra vez. Tengo libros de texto, pero no se molestaron en comprar los posters y las tarjetas que vienen con ellos, y con los cuales se deberían realizar las actividades (recuerden que enseño a chicos, son necesarios los materiales, a veces mucho más que los libros en sí). Apenas hay juguetes y juegos a mi disposición, ni que decir materiales de librería, como cartulinas, papel glacé, plasticolas, tijeras... a duras penas me pagan las fotocopias.

En fin, ¿por qué sigo ahí? Bueno, por un lado, necesito un poco -no mucho- un poco más de plata para llegar tranquila a fin de mes. Pero sobre todo, porque me encariñé con los chicos. Me da pena pensar en dejarlos. Lo que ocurre es que últimamente ellos vienen siendo la única razón para quedarme, y estoy tan disconforme con el lugar que siento que está afectando mis clases: no les pongo ganas, siento que me quitan tiempo de estudio, me da bronca seguirles el juego a estas viejas turras en las condiciones en las que me tienen... Y ya sé que los chicos no tienen la culpa, pero no puedo evitar pensar que de alguna manera deben percibir mi desgano, por más que me esfuerce en ocultarlo cuando estoy con ellos. En fin, ¿Vale la pena quedarme? Dando clase a estos chicos a pesar de todo, ¿los beneficio o los perjudico?

Y otra cosa: si decido dejar este trabajo, ¿me conviene hacerlo recién cuando consiga otra cosa? ¿O es preferible arriesgarme para tener más iniciativa? ¿De qué trabajar? Quiero agarrar algo chiquito, unas pocas horitas a la semana, como acá, y cuánto me gustaría que fuera algo relacionado con mi carrera. Desafortunadamente, es difícil encontrar todo esto en un aviso clasificado.

Esta vez pongo "Consejo" en las etiquetas porque me gustaría recibir alguno...

jueves, abril 05, 2007

Aprendizaje y enseñanza

Escribí este texto como consigna en el marco de mi cursada de Didáctica General. Me pareció muy informal, pero me divertí haciéndolo. Si alguno tiene ganas, quisiera leer sus propias historias y experiencias de enseñanza y aprendizaje.

Una situación de enseñanza

Yo tengo veinte años. Estoy en San Bernardo, pasando unas vacaciones en el departamento de mis tíos abuelos. Su hija, Toia, está también parando con nosotros junto con Marcos, su chiquito de dos años y pico. Éste es un nene simpático y extremadamente sociable, con un vocabulario particular que combina el castellano con el inglés (la familia vive en Estado Unidos desde antes de que él naciera, con lo cual el chiquito se crió como bilingüe).
Esa tarde, la mamá de Marcos ha salido a hacer unas compras, y yo me ofrecí a quedarme con el nene. Además de que me gustan los chicos, por Marcos siento una especial fascinación por el tema de la lengua. Todavía no he elegido la orientación de lingüística en la carrera, pero evidentemente está en mí, ahí en algún lado, aunque no me haya dado cuenta. Me fijo mucho en cómo habla este chiquito: cuenta mejor en inglés (“one, two, three, four…”) que en castellano (“dos, tes, dos, tes, dos, tes…”). Mira a la playa y describe lo que ve (“El mar, un perro, a ball, un ave…”). Confunde los pronombres: cuando la mamá le da de comer en la boca, Marcos protesta “vos, vos, ¡vos!”, señalándose a sí mismo con su dedito.
Mientras esperamos a que vuelva su mamá, Marcos y yo estamos tirados en la cama de mis tíos mirando un álbum de fotos. Marcos señala a las personas que aparecen en las fotografías y me las nombra: “papá, mamá, vos” (por él mismo, que está soplando las velitas). Me sonrío.
- No, Marcos –le digo- VOS… (y lo señalo), YO… (y me señalo). Decime “yo”, “yo, Marcos”, “yo”. Tomo su manito y la pongo sobre su pechito.
Marcos razona unos segundos. Vuelve a tomar la foto.
- Mamá, papá… ¿yo?
- Sí, claro, VOS, Marcos, VOS.
- ¿Yo? –su carita se ilumina repentinamente. Se ha producido la comprensión- ¡YO!!! ¡Yo, yo yo!!! –repite, golpeando la fotografía con alegría.

Al rato vuelve Toia, y le digo:
- Mirá lo que le enseñé a Marcos –y, dirigiéndome al nene- Mostrale a mamá quiénes están en la foto.
- Papá, mamá, yo… -con una enorme sonrisa en su cara.
- ¡Muy bien, Marcos! –dice ella- ¡Qué bueno que la tía [así me dicen] te enseñó!!!
Y entonces sucede algo que yo no me esperaba. Marcos empieza a saltar sobre la cama, muerto de risa, mientras exclama “¡Tí-a, tí-a, tí-a!!!”.
- Mirá cómo te festeja –dice Toia, mirándome contenta.

En ese momento experimenté una emoción desconocida, el sentir que había dejado algo en Marcos, algo que le servía, que le gustaba y que lo hacía sentirse orgulloso y seguro de sí mismo. Probablemente nunca se acuerde de que yo le enseñé el pronombre personal “yo”, tal vez hoy ni siquiera se acuerde de mi cara –hace varios años que ni él ni su familia visitan la Argentina. No importa.
Hoy tengo veinticinco años, estudio lingüística y enseño inglés en un jardín de infantes. Los chicos aprenden conmigo muchísimas palabras, pronombres y otras también. Me divierto mucho. A veces me pregunto si ese día en San Bernardo no me marcó un antes y un después. Si estaría haciendo esto hoy si Marcos, en aquella oportunidad, no me hubiera enseñado tanto.

jueves, marzo 01, 2007

Infancia full time


Hoy retomé mi trabajo (que, para los que aún no lo saben, es de maestra de inglés en preescolar). Mejor dicho, hace varios días que volví a la escuela, pero hoy conocí a los chicos a los que voy a acompañar durante todo el año. ¡Qué lindo fue verlos llegar tan ilusionados y felices! Se ve que les deben haber tocado buenas maestras antes, porque estaban impacientes por volver al jardín.

Es una hermosa edad la que están viviendo. Sin embargo, me da pena ver que chicos tan chiquitos tengan horarios y agendas de adultos. No debería quejarme -después de todo, el doble turno es lo que me da de comer- pero me pone triste verlos enseguida cansados, agotados por un ritmo de vida que no me parece del todo saludable para su edad. Cuando yo iba al jardín, sólo un par de décadas atrás, los chicos teníamos mucho tiempo libre, tiempo para jugar y tiempo para estar en casa, y tiempo para aburrirse, que también es necesario. Los chicos de hoy no saben estar sin hacer nada. Y por más que es algo innato en ellos, les cuesta cada vez más usar la imaginación, atrofiada como la tienen por tantas horas de tele.

Claro que no quiero generalizar. Creo que debe haber padres que los ayudan y los acompañan, y les limitan las horas de tele y los impulsan a jugar por su cuenta. Y si bien hoy en día la mayoría de los jardines privados funciona así, full time, es para adaptarse a los requerimientos de un sistema perverso, donde si el chico de cinco años no sabe inglés y computación no puede ingresar a una buena escuela privada (todo pareciera ser privado para la gente de alto poder adquisitivo), y entonces limitan sus posibilidades para la vida en lo sucesivo. Supongo que todos estos papás sólo buscan lo que creen que es mejor para sus hijos.

Yo, por mi parte, espero no ponerles a estos inocentes las presiones que se me ponen a mí como maestra, y ayudarlos a que disfruten éste, su último año de jardín de infantes. Les quedan años de notas por delante.