Nagasaki es la mayor ciudad y la capital de la prefectura de Nagasaki, en Japón. Hace hoy 63 años, Nagasaki se convirtió en el segundo blanco de una bomba atómica que los Estados Unidos arrojaran sobre Japón. A las 11:05 de la mañana, la bomba Fat Man, más poderosa que la de Hiroshima, debido a motivos climáticos fue arrojada hacia el último blanco alternativo, que era esta ciudad. La bomba falló el blanco, pero de todas maneras arrasó con la mitad de la ciudad, matándo instantáneamente a 75.000 personas, y dejando heridas y enfermas a una cantidad similar, con lo que los muertos totales se duplicaron con el correr del tiempo. El caos y el horror provocados por esta bomba fueron similares a los de Hiroshima, y las dos bombas ocasionaron que Japón se rindiera pocos días después.
La ciudad fue eventualmente reconstruida, si bien se conservaron algunos escombros como testimonio del horror al que sobrevivió.
Hoy escribo sobre Nagasaki porque, como muchos, al pensar en las bombas atómicas y en la Segunda Guerra Mundial, el nombre que se me viene a la mente es el de Hiroshima. La cantidad de muertos en ambas ciudades fue similar, la destrucción, el horror y el repudio posterior también. Hiroshima impresiona, quedó en el recuerdo y ha marcado a la humanidad por haber sido la primera. Sin embargo, a mí siempre me impresionó Nagasaki, precisamente por ser la segunda. Pocos días antes, el terror había sacudido al mundo. Cientos de miles de personas desintegrándose en un instante, muchos de ellos civiles ajenos a la guerra que los envolvía. Las marcas de la radiación atómica afectan a algunos japoneses hasta el día de hoy. Que, con eso en el pasado, alguien fuera capaz de ordenar un segundo ataque, que un dedo norteamericano no dudara en apretar el botón una segunda vez, lo encuentro todavía más inconcebible, si se puede.
Evidentemente, el ser humano tropieza una y otra vez con las mimas piedras. Aún hoy, 63 años después, el peligro de la guerra atómica es una espada de Damocles que pende sobre las cabezas de nosotros, los hombres. Y, lamentablemente, pareciera que cuelga de un hilo cada vez más fino.
Foto tomada de Wikipedia. Nagasaki antes y después de la explosión.
